martes, 15 de septiembre de 2015

EL LEGADO CULTURAL
EN NUESTRO SOMOTO DE
MARCELA GARZA DE PADILLA

Por Ramón Mendoza H.
Revista Musunce No. 14, Junio 2008





SU LLEGADA A SOMOTO
En 1956, los jóvenes Juan Rafael Padilla Rodríguez, somoteño y Marcela Garza Chávez, mejicana, estudiantes de la carrera de Ciencias Políticas en la UNAM, contrajeron matrimonio en Méjico.  Vinieron a Somoto a principios de 1957, “por un tiempo corto”, con el propósito de culminar sus estudios luego de esa “temporada”, que no fue tal, pues  a decir verdad, se establecieron en Somoto por un período de 25 años, -“la más hermosa época de mi vida”- anota Marcela en sus Memorias, que precisamente reflejan ese período, en el cual procrearon el prolífico fruto de su unión matrimonial: 7 hijos; 6 varones: Rafael Antonio, Renato Alberto, Rodolfo Arturo, Róger  Alonso, Raúl Alejandro, Rubén Agustín,  y una mujer: Clara Aurora.
Acostumbrada a las comodidades de la vida en la capital azteca, Marcela enfrentó el reto de adaptarse a las limitaciones del   Somoto  de  1957: sin servicio de agua potable, ni luz eléctrica (sólo 4 horas por la noche); sin hospital, apenas con un incipiente servicio en el centro de salud;  sin una sola calle adoquinada.  Con deficientes comunicaciones, la más rápida era el telegrama; el teléfono público,  primitivo: era una hazaña conseguir una llamada a Managua,  y la carretera a Managua sin pavimentar, lo que tornaba el viaje en una cansada y tortuosa experiencia que duraba casi todo el día.  Un autobús hacía un viaje de Somoto a la capital, en el mismo horario en que su homólogo lo hacía a la inversa; salían a eso de las 8 y media de la mañana y llegaban a las 4 de la tarde, pues entraban  a todos los poblados  aledaños a la carretera y hacían paradas hasta de media hora, como la de  Estelí, que era la principal.
Ese fue el ambiente que enfrentó la recién casada joven, a punto de cumplir sus 21 años y que con indoblegable porfía, sustentada en el amor a su consorte y a sus hijos, logró hacerlo suyo y adaptarse,  con extraordinaria rapidez, hasta convertirse en una somoteña más, que hoy en su México natal añora el cuarto de siglo vivido en este terruño, en el cual dejó un imborrable legado cultural, que quienes lo conocemos, admiramos y reconocemos en todo su valor

SU GRAN APORTE CULTURAL
                Ya adaptada al ambiente pueblerino de Somoto,  Marcela Garza se fue incorporando a las diferentes actividades de la comunidad y en el año 1967 fundó su primera institución educativa: “El Jardín de Infantes Marcela”, de educación preescolar, el que se estableció en la casa donde actualmente habita don José Santos Padilla, muy cerca de su residencia, que era la de su suegro don Rafael Padilla Sandres, donde actualmente está el Restaurante “El Almendro”.
                Posteriormente fundó el Colegio República de México, centro que logró gran prestigio en la ciudad y en el que se impartía educación primaria completa y se procuraba una formación integral.   Sus hijos e hija cursaron estudios en ambos establecimientos educativos.

LA ACADEMIA DE DANZA MARCELA
                En 1971, recuerda Marcela que preparó, en el Colegio República de México,  la presentación de una polka rusa para el acto dedicado a las Madres el 30 de mayo, en el cual incluyó a su hija Claraurora, niñita de preescolar, que vio cumplido su deseo de actuar con los alumnos grandes (los de primaria).  Las mamás, encantadas de la presentación sugirieron a Marcela que les impartiera clases de baile a sus hijas y ella aceptó el reto.
 Así nació la Academia de Danza Marcela que empezó con 7 niñas pequeñas, incluyendo a su hija.  Poco a poco se fueron incorporando las chavalas más grandes, las de primaria, luego los varones de primaria, e incluso, varios  muchachos y muchachas que cursaban su bachillerato en el Instituto Nacional de Madriz.  Las clases de la Academia se impartían de 4 de la tarde a 9 de la noche; cansado horario que permitía la atención del heterogéneo alumnado, en función de sus horarios en educación formal.
El prestigio de la Academia creció como la espuma.  Cada 31 de octubre se presentaba una revista musical que el público esperaba con gran avidez, pues ofrecía  un atractivo muestrario de talento y creatividad: se bailaba música nicaragüense, mexicana, vals, tango, charleston y ballet, al principio muy sencillo, pero con el tiempo lo bailaban perfectamente de puntas. Para la presentación de cada revista en octubre empezaban a ensayar desde el mes de junio a fin de brindar la mejor actuación.
Reconoce,  y  agradece  Marcela, el apoyo que recibió de los padres, siempre dispuestos a costear los gastos de los trajes, que eran confeccionados por Vera Nye Mosher, esposa  del doctor Carlos  Herrera y Consuelo de Álvarez, esposa de Francisco Álvarez, bautizado por los somoteños como “Chico Banco”, porque era funcionario del Banco Nacional en Somoto.  También valioso era el aporte de la familia Fiallos: doña Rosa María, don Moncho y Luis Manuel, que confeccionaban los penachos, sombreros, bastones, con mucha habilidad y sobre todo ingenio, porque en este medio no existían los materiales para su elaboración, pero  ellos se las arreglaban y  siempre les quedaban muy bonitos.
Como las presentaciones se hacían en el cine, Marcela y Consuelo confeccionaron un telón para tapar la pantalla.  El telón se decoraba con dibujos  hechos  en papel de empaque, que después se pegaban con engrudo.  Marcela era la pintora de la brocha gorda y Consuelo la profesional, con decoraciones pictóricas alusivas a temas de la revista. Al final de un arduo trabajo, agachadas, pintando, durante muchos días y muchas horas,  el telón quedaba muy bonito y, ¡vaya! sí que le daba categoría al escenario.
Recuerda en sus Memorias Marcela: “Yo cuando venía a México llevaba los zapatos primero de media punta y más tarde los de punta; llevaba las cosas que se utilizaban en los bailes mexicanos y para que vieran cómo eran los vestidos y los pudieran confeccionar, llevaba libros que vendían en las presentaciones que hacía Amalia Hernández en Bellas Artes”.
Al principio su esposo Rafael les hizo unas cajas largas de madera en las que puso 3 reflectores en cada una para proyectar los efectos de luz; Róger, su hijo  y el Chele, su sobrino,  les ponían papel celofán que cambiaban de acuerdo con el color que se necesitara para lograr mayor vistosidad en el espectáculo.  Ya más tarde compró en México reflectores profesionales y al final hasta luces negras tenían.

EL INFALTABLE “CHAS”
                El jefe de sonido en las presentaciones de la Academia era don Carlos Mejía Fajardo, el legendario “Chas Mejía”, a  quien Marcela describe como  perfeccionista, pues grababan y volvían a grabar, cuantas veces fuera necesario hasta que todo quedara acorde con su exigente  gusto; tenía muy buenos aparatos de sonido y era experto en la materia. “Todo eso- anota Marcela- lo hacíamos en muchas y largas sesiones nocturnas, pues él trabajaba en la Aduana y sólo a esas horas podía hacerlo. Su ayuda fue muy valiosa y nunca cobró; siempre estuvo con nosotros en cada presentación acompañado de doña Elsa, su querida esposa”.  Agrega  sobre el “Chas”: “Decían que tenía muy mal carácter, pero para mí fue siempre alguien muy querido y hasta la fecha después de muchos años de haberse ido, yo siempre lo guardo en un pedacito muy especial en mi corazón, lo mismo que a doña Elsa, que ha sido una persona muy querida para mí”.

APOGEO DE LA ACADEMIA
                La revista anual que cada 31 de octubre presentaba la Academia fue cobrando rápidamente extraordinaria notoriedad y cuando se presentaba en Somoto, se abarrotaba el cine de somoteños y de personas que venían de otras ciudades como Ocotal, Condega y  Estelí.  Con el tiempo las presentaciones se fueron realizando fuera de Somoto, pues el público de otras ciudades las demandaba.
                En su mejor momento la Academia hizo una presentación en el Teatro Nacional “Rubén Darío”, de Managua. Recuerda Marcela que en esa ocasión bailaron Ricardo Cuevas, Raúl Alejandro Padilla, Rosana Espinoza.  El último baile lo interpretaron los hermanos Cuevas, Ricardo y Libertad. Posteriormente en un programa de televisión que se presentaba mensualmente con bailes regionales de distintos países, se invitó a la Academia de Danzas Marcela que presentó bailes regionales de México, constituyendo un rotundo éxito.

                En las revistas anuales Marcela participaba con los alumnos en algunos bailes y era la animadora y narradora de la síntesis de cada danza que se presentaba.  Alba Morales era la encargada del vestuario y ayudaba a los muchachos a vestirse rápido para que no hubiese espacios vacíos en la velada; ellos y ella adquirieron una pericia increíble para cambiar de traje con rapidez.
                Al principio, el bailarín principal era Ricardo Cuevas, con grandes dotes para la danza; al cabo de cierto tiempo Marcela pensó que estaba sobrado para estar en la Academia, por lo cual le consiguió una beca en México por medio de su amigo Raúl Valdez; estudió 6 años, primero  ballet clásico y contemporáneo en Bellas Artes y por último fue bailarín en la Universidad de Jalapa, Veracruz.
                Cuando Ricardo estaba adelantado en sus estudios, Marcela aprovechaba cada viaje que hacía a México para recibir clase de él y de esa manera se mantenía actualizada en la materia.  Marcela y su hijo Rodolfo, recibieron  un curso de ballet folklórico para enriquecer sus conocimientos; lo  aprovecharon plenamente, sobre todo Rodolfo, que además del gusto que sentía por el curso, le encantaba la maestra que lo impartía, de tal manera que resultó un magnífico alumno.
                El 31 de octubre de 1981 se presentó por última vez la revista musical de la Academia de Danza Marcela.   Luego de 10 años de tesonero esfuerzo y de haberse consolidado como institución, la Academia que empezó con 7 niñitas, se despedía de su público con una verdadera constelación de niños, jóvenes y adolescentes, 70 en total, que nos deleitaron durante una inolvidable década con el fruto de su esfuerzo y de su formidable talento artístico.
                Esto es una síntesis de la profunda huella que en el campo cultural, como precioso legado,  nos dejó Marcela Garza, que por su parte  se llevó grabada con caracteres indelebles una imborrable huella en el  corazón de su querido Somoto.
               

viernes, 11 de septiembre de 2015

Semblanza de
OSCARITO FERNANDEZ

Artículo publicado en nuestra edición No. 13 del mes de Mayo del 2008
por don Armando Núñez

Cuando se tienen deseos de superación, orgullo y decisión personal, no hay barrera capaz de detener el impulso humano, en pos de un sueño, por utópico que parezca. Este es el caso del personaje que hoy nos ocupa en esta 13ava. edición de MUSUNCE. Su nombre es OSCAR FERNANDEZ VALLEJOS, “Oscarito”, como cariñosamente le conocemos.


Nacido en Somoto, por pura casualidad según sus palabras, ya que el destino del viaje de sus padres era Panamá, pero su madre, doña Rosaura Vallejos de Fernández que venía en estado de gravidez, le tocó en esta ciudad el parto, por tanto, a su padre Oscar Fanor Fernández, leonés de origen, no tuvo más alternativa que quedarse a vivir definitivamente aquí en Somoto; luego nació su otra hija Olga Fernández Vallejos.

El nacimiento de Oscarito, fue normal, un 25 de noviembre de 1943, era un niño sano, nada presagiaba la encerrona que el destino le tenía preparada, como a la edad de 8 meses se le inflamaron sus ojos, según le contaron, lloró 3 dias seguidos, fue atendido por el Dr. Juan Benito Briceño y otro que no recuerda,  los que lograron detener la dolencia, pero la lesión en  la vista ya era un hecho.
La vida siguió su andar inexorable, a los tres años era un niño inquieto que hasta una vez un caballo le propinó una patada en la pierna, a los seis años recuerda, que tenía visones borrosas, miraba bultos, incluso la luna.

Sus padres al no tener casa propia vivieron en varios lugares, una de estas fue la de don Raúl Lovo, aquí existía una crianza de cerdos, él como todo niño travieso, se montó en uno de ellos, y éste en su carrera desenfrenada pasó rosando una pared de taquezal destruída y el saliente de una lata le provocó una herida cercana al ojo, su madre, lo llevó donde el Dr. Páiz saturándole la herida en la sien izquierda.

La inquietud que poseía, propia de los niños de su edad, hacía que saliera con los jaladores de agua al pozo de don Salatiel Peña o al río Musunce, se les montaba a los carreteros que traían tierra lama de la Cruz Grande, todo esto lo hacía a escondidas de su madre. Su ceguera no le impedía comportarse como todos los niños, su padre, inteligentemente, lo dejaba salir a la calle para que se adaptara a la situación, y que se desenvolviera en un ambiente de normalidad.

A los ocho años los trasladaron a Managua a una clínica oftalmológica, con el Dr. Gilberto Cuadra Lacayo, le realizaron chequeos y le dieron tratamiento; pero, en ese tiempo se desató una epidemia de dengue, la que lo contagió, y, debido a las altas temperaturas,  le hizo saltar el ojo izquierdo por lo que tuvieron que extraerselo.

El tiempo siguió su curso y un 12 de Enero de 1957, el destino le propinó otro duro golpe, murió su padre, fue tanta su depresión debido a ese trance, que su madre optó por enviarlo a Managua, donde un tío de nombre Humberto, que vivia frente a la Casa del Obrero, allí con sus primos salían a pasear en bicicleta y se divertía mucho, pero, en uno de sus momentos de soledad, Oscarito, a los 14 años edad, elevó una plegaria al Altísimo, pidiéndole de todo corazón, ya que su mal no tenía cura, que le permitiera encontrar una manera de desarrollarse en la vida para no tener que extender su mano en busca de ayuda piadosa; pedía que le pusiera en su camino la forma de llevar una vida digna, sin depender de los demás. Al día siguiente de su coloquio con Dios, estando sentado en la sala se le acercó su tío y le preguntó que si no quería aprender a tocar guitarra; a lo que lleno de emoción, nos dice, le contestó que si. Desde ese momento, un nuevo horizonte se abrió ante él, el rayo de luz tan deseado entró en la  oscuridad, sus plegarias fueron escuchadas por el Altísimo.


Comenzó a asistir a clases, en una casa cercana al parque Bartolomé de las Casas, un lugar distante de donde vivía, el profesor, que enseñaba solfeo, debido al problema visual y al notar el interés del niño le enseñó las primeras notas “de oido”, posteriormente otro profesor llegaba a su casa a darle clases, comenzaba a aprender su oficio de músico.

De regreso a Somoto, nos cuenta Oscarito, que su padrino, el poeta Gerardo Selva Escobar, le consiguió un acordeón, el cual cuando ya lo ejecutaba a la perfección, llegó a la casa de la recordada profesora Dora Raquel Espinoza (q.e.p.d.), a amenizarle un cumpleaños, por lo que la Raquelita le pagó C$ 25.00. ¡Era su primer pago ganado con su propio esfuerzo!, con este dinero compró un vigésimo de lotería con lo que ganó C$ 300.00.

Pasado un tiempo con don José Fuentes, formaron un grupo musical que se llamó “Murmullos del Coco”, con instrumentos artesanales, al tiempo se equiparon con mejores equipos sacados al crédito donde Luis Andino, estrenándolos orgullosamente en una fiesta de noviembre donde  Emilio Rodríguez, posteriormente consiguieron un contrato en San Marcos de Colón, pero cuando la fiesta terminó no pudieron regresar a esta ciudad porque la Aduana de El Espino estaba cerrada, tuvieron que regresarse, ocuparon la noche para parrandear, incluyendo el chofer; al dia siguiente, de goma y desvelado el mencionado conductor tras una mala maniobra, se dieron vuelta, llevando la peor parte los instrumentos musicales, costo mucho dinero las reparaciones a estos.

En 1959, con la puesta en el aire de la Radio Norte, por don Juan José Molina, tuvo la oportunidad de incursionar en el ambiente radiofónico, esta emisora operó hasta el año 1962, luego en 1966/67, el empresario radial esteliano, don Ramón Barrantes instaló la Radio Fronteras, estaba ubicada frente a donde don Enrique Cuevas; hasta allí se dirigió Oscarito, en busca de oportunidad, ésta le llegó cuando don Moncho Barrantes vió en él mucho talento; le brindó un espacio para un programa, y luego de negociar las condiciones, nació el programa de Oscarito, “Tres voces, tres Guitarras y una Melodía”, el que tuvo gran aceptación por la radio audiencia, y logró asi patrocinadores de la calidad de Flor de Caña, Pepsi Cola, Luis Irías, Didatsa, etc.

Por la situación política existente don Ramón se retiró del negocio de la radio y se fue con él la única emisora existente en la ciudad, posteriormente don Germán Alfaro Ocampos, hombre de lucha y tesón y Oscarito, auxiliados por el técnico de Radio José María Cuadra, instalaron una nueva versión de la Radio Fronteras. Operó primero en el Tepeyac, pero debido a deficiencias la pasaron a la casa de Oscarito mejorando así la trasmisión y luego estuvo en la casa de don Ramón Alfaro.

En 1969, debido a situaciones políticas estuvo fuera del aire, posteriormente en 1972, por la catástrofe telúrica que sucedió en Managua, volvió al aire participando en la ayuda que para ese fin estaba enfrascado todo el país; después de eso quedó funcionando sin interrupción.

Oscar Fernández, a pesar de su impedimento físico, ha sido un hombre que no se ha doblegado ante la adversidad, sirviendo de modelo de lucha y amor por la vida, como un ejemplo para otros que se rinden con facilidad y andan esperando ayuda de los demás sin poner de su parte el esfuerzo que como hombres de lucha se debe tener. Incursionó en la música, en el comercio, en el transporte y en la radio donde lleva ya 48 años de labor exitosa.

Podemos afirmar que es una institución, el primer noticiero que fundó en  la Radio Fronteras con el nombre de “La Esquina” fue muy escuchado; actualmente tiene 7 años de transmitir “Panorama Informativo”, con mucha aceptación; desde 1990 trabaja con su Publicidad Ambulante, con mucho éxito; fue fabricante de ladrillos de barro, miembro activo de los Comités Pro Reinados de Fiestas Novembrinas en esta ciudad; fundador del Comité Pro Carnaval de noviembre, un evento que dió fama por su calidad a esta ciudad; perteneció al Consejo de la Cruz Roja Filial Somoto por varios años; siempre está dispuesto a participar en cualquier actividad de carácter social en beneficio de la comunidad.

En síntesis es un personaje polifacético en toda la extensión de la palabra, superando todas las dificultades que todo hombre pueda soportar.

Nos cuenta que sus momentos más difíciles y más felices los puede definir así: En primer lugar el efecto positivo , al invocar al Altísimo de todo corazón para que le dotara de un medio para valerse por sí mismo; el día que su tío lo envió a aprender a tocar guitarra; cuando en la Radio Norte le permitieron el uso del micrófono;  cuando don Ramón Barrantes le brindó un espacio para su programa en la radio Fronteras; cuando doña Lucinda Ríos aceptó ser su fiel esposa y compañera que le dió 5 hijos que son toda su felicidad, que lo motivan y le llenan de cariño y, luego, el encuentro con doña Mirna Zambrano Marciaq que lo atiende con amor y esmero.

Sus momentos tristes, nos relata que son el temor de que por su impedimento tenga que extender la mano en busca de ayuda humanitaria; aquel funesto día del 12 de enero de 1957 cuando murió su padre, cuando murió su madre en 1965 y la muerte de querida esposa con la que convivió 32 años.

Como es de notar, esto es apenas una pequeña semblanza de la vida de este hombre, multifacético, de gran espíritu emprendedor, padre ejemplar, y un ejemplo para las generaciones, que con su conducta intachable nos enseña que la vida se hace de sacrificios y trabajo honrado, que cuando se tiene en la vida un norte de superación, se puede ser, como él lo ha sido, el arquitecto de su propio destino.

Deseamos muchos éxitos más a Oscarito.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Cobertura Jamaica Vrs Nicaragua 2015

GRAN COBERTURA JUEGOS NICARAGUA
 JAMAICA EN DEPORTIVAS R. M.







Una formidable cobertura logró el programa “DEPORTIVAS R. M.” en los juegos entre Nicaragua y Jamaica correspondientes a la tercera fase de las eliminatorias rumbo a Rusia 2018.

Reconocemos y agradecemos el invaluable aporte que nos brindó nuestro coterráneo y amigo  el Ing. Brooklin Almendárez García, que como periodista acreditado por nuestro país, nos brindó directamente desde Kingston entrevistas, comentarios en vivo, antes y después del histórico partido que Nicaragua ganó a los jamaiquinos  3 goles por 2, transmitiéndonos la emoción vivida luego del pitazo final, con entrevistas al Director Técnico Prof. Henry Duarte y al jugador jalapeño Luis Galeano, autor del último tanto.

Para concluir la jornada en el juego de vuelta en Managua, ante un lleno jamás visto en partido de fútbol en Nicaragua,  Brooklin y Ramón Mendoza Herrera  lo cubrieron  juntos el partido  que revistió  tintes de emotividad y dramatismo elevados a su  máxima  expresión, tanto por su  calidad   como por la importancia del mismo.

Ofrecemos aquí, para quienes quieran conservar el material como parte de nuestra historia deportiva, el producto del trabajo de Brooklin, que llegó a nuestros hermanos somoteños que se reportaron desde Taiwán,  Estados Unidos, España, Alemania y del interior del país , en el enlace entre Radio Amistad y la digital  Radio Decyma, que es la de nuestra página deporteculturaymas.blogspot.com

viernes, 4 de septiembre de 2015

LISIMACO AGUILERA "CHIMACO"

Artículo publicado por Ramón Mendoza Herrera
en la edición No. 70 de la Revista Musunce


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En edición anterior publicó Hugo Ramón García  una simpática anécdota sobre el original  pedimento que hicieron unos picaditos somoteños al doctor René Schick Gutiérrez, durante su campaña presidencial, allá por 1962, que les generó, gracias a su astucia y a la bondad del solicitado, nada menos que quinientos córdobas –todo un tsunami etílico- que los mantuvo  “en los brazos de Baco” por  largos y recordados días.

En esa anécdota se retrata de cuerpo entero a nuestros “piruquitas” de antaño:  ocurrentes,  chispeantes, plenos de esa  picardía sana  que los llevaba a ser  audaces, pero ante  todo, eran  muy  respetuosos, cualidades que les facilitó  el acceso donde estaba el ilustre visitante, que como oficiante en el altar de Baco, compañero del somoteño Ramiro Armijo Lozano, en su años de estudiante, rápidamente les “agarró la seña” y les dio el retrato de Rubén Darío (billete de C$500) que en implícita petición le hicieran por medio del vocero del grupo Salvador Pierrot, “Butute”, hombre de grave e imponente voz que contribuyó al éxito de la urgente  misión.

Me trajo esa anécdota el recuerdo de don Lisímaco Aguilera, cariñosamente conocido como “Chimaco”,  que no es un apodo, sino un hipocorístico,  miembro de esa “cofradía”, que no desentonaba en las características  mencionadas  en el párrafo anterior, a las  cuales  debemos agregar que eran muy laboriosos, buenos obreros y sobre todo muy honestos y serviciales.  Ellos no salían a pedir a la calle, buscaban cómo hacer alguna faena, un mandado o cualquier servicio que les reportara “el trago nuestro de cada día”.
“Chimaco” era un hombre así: trabajador, servicial,  muy simpático,  respetuoso y dentro de sus ocurrencias estaba el uso ingenioso  de palabras o conjunto de palabras a manera de escaliche, germanía equivalente en nuestro medio al lunfardo argentino que tanto aflora en los tangos.

A mediados de la década de los 70 yo vivía con mi familia en una casa que alquilábamos  cerca de la Plaza “11 de Noviembre” y como en esa zona de la ciudad  no existía aún  el servicio de alcantarillado sanitario,  había en la casa un sumidero, que en determinadas épocas se rebalsaba y había que  escarbar un poco para sacar de un lodo putrefacto  las aguas  que provocaban un hedor terrible.   Resulta que me preparaba para esa ingrata tarea, cuando en eso apareció Chimaco y me saludó con su característica cortesía y entablamos un rápido diálogo.
-Buenos días, Juancito (siempre me confundía con mi hermano Juan). ¿No quiere  que le ayude a hacer ese trabajito? Ando bien enfermo y necesito un jarabe para curarme.
-Buenos días, Chimaco, claro que sí.  ¿Cuánto me va a cobrar?  Diez toallitas, pero si le pone un ipegüe, tenga por seguro que no me enojo.  

Pude notar que el pobre hombre temblaba y tomando en consideración la ingrata faena que iba a realizar acordé con él  que le iba a pagar  quince córdobas; pero me puso una condición: le iba a dar un adelanto para irse a tomar un poco de “jarabe”  en la “clínica de la Muñoz”, una cantina que él me señalaba con el dedo, para poder trabajar aliviado del mal que lo aquejaba.
Le pregunté: ¿Y Butute, dónde está, me parece que los vi ayer juntos;  - Está tocando arpa- me dijo.  Yo le pregunté: - ¿y es que ahora es músico?  - No- me aclaró, está en la presidencial.   –No me diga que se lo llevó Schick a Managua después del encuentro que tuvieron.   – No, Juancito, Butute luego que consiguió la quinina con el hombre ya no lo volvió a ver.  -¿Y cómo es eso de que está en la presidencial?    -Es que se lo  llevaron los jocotes cocidos y está preso.  -¿Y dónde lo agarraron?  - Allá cerca del monasterio- me respondió.   -¿Cuál monasterio? Volví a preguntar?  - Allá donde la “Pelimex”, me aclaró.-
-Me va a conseguir una pala para el rumbo,      me dijo.   –¿Y su pala que la hizo, pues, le pregunté? --Está empeñas blancas, mijito y necesito cinco tuzas para sacarla.  – No quiero quedar como el Iscariote, me dijo.   ¿Cómo es lo del Iscariote?  -Colgate-palmolive, por andarle haciendo furuya al Colochón.

Después del breve diálogo se fue a la “clínica”  a tomar  el “jarabe” y   vino luego  bien revitalizado a hacer el trabajo.   Una vez que terminó me dijo, cuadrándose como militar : ¡Misión cumplida, Juancito, y siempre a la orden!  Aquí tiene sus quince pesos, muchas gracias, le dije.  Y él, sacando a relucir esa honradez que siempre lo caracterizó, me dijo:  - Un momento, solo son diez pesos los que me debora; acuérdese que usted me dio un adelanto para la “medicina”.   Me quedé admirado de la honestidad de aquel hombre para quien esos cinco pesitos de más significaban mucho y sin embargo, teniendo la oportunidad de incrementarlo a sus ingresos, me hizo la aclaración.    –Es cierto, le respondí- no me acordaba, pero como ese trabajo ha sido muy pesado agarre los quince pesos.    –Muchas gracias, me dijo, dirigiéndome una mirada  llena de gratitud  -y, le prometo que:   - “Volveré”, como dijo Mac Arthur.

EL PARECIDO DE CHIMACO CON UN GRAN CINEASTA
Últimamente me he deleitado viendo películas protagonizadas por el gran Clint Eatswood, el famoso “Manco”, de “Por unos dólares más”.    En algunas de esas películas, donde aparece con mayor edad, como El Gran Torino,  me parece encontrar un gran parecido con “Chimaco”, pero lamentablemente no tenía una fotografía de él para hacer la comparación.   Pues bien, en un encuentro con mi amigo el atleta-pintor-arqueólogo y sobre todo, “somotólogo”, Armando Mejía Godoy, me facilitó la fotografía que aparece en este artículo y  reitero  que encuentro  ese parecido entre  Clint y Chimaco.   Juzguen, ustedes, amigos lectores, viendo las fotografías si   encuentran alguna similitud  entre ambos.    Por mi parte, cuando estoy viendo a Clint Eastwood  en una película, me digo mentalmente:  “Ese es “Chim” Eastwood”. 
           


miércoles, 2 de septiembre de 2015

RECORDANDO A
DON CHEPE FUENTES

Artículo publicado en la Revista Musunce No. 12, año 2008, 
por el historiador somoteño don Armando Nuñez



Al  hablar sobre música, y los representantes de ese arte en nuestro pueblo, salta a la vista lógicamente, la figura de José Fuentes Salazar, conocido como CHEPE FUENTES, popular en nuestro medio por su entrega y pasión a ese don que el Creador le concedió:  la música.

Nacido un 19 de Marzo de 1918, del matrimonio formado por don Teodoro Fuentes, originario de un lugar llamado La Alianza, en Nacaome, república de Honduras; y de Susana Salazar, vecina de esta ciudad. Del matrimonio que eran cuatro hermanos, fallecieron dos, siendo niños, Arnoldo y Susana; quedando solamente Estela y José.
Desde muy joven aprendió la zapatería, el oficio de su padre, además que ayudaba a éste en las labores agrícolas en una propiedad  que poseía de nombre Zaragoza. Hacia los años 50´s, laboró, por un espacio de 7 años,  en el departamento de carreteras donde estaba a cargo de las herramientas.
En la zapatería se elaboraban zapatos de toda clase, desde finos a los famosos Zapatos Burros, que eran los que usaban los campesinos, dada su fortaleza y durabilidad. De los zapateros que laboraban con su padre, recuerda a Tobías Ramírez, Lila Rodríguez, José Octavio Salazar, Ramiro Turcios y otros. Otro zapatero que recuerda de entonces era don Polo Corrales.
En el año 1961, fue nombrado Cónsul Honorario de la república de Honduras, en esta ciudad, cargo que desempeñó por tres años.
En el ramo de la música aprendió primero a tocar guitarra, con lo que se hizo serenatero, luego en la escuela de don Quintín Morales, tocaba el trombón, aprendió el solfeo en su clave de Fa y Sol, al lado de Tomás Ruiz y Juan Fajardo, con los que amenizaba acompañando a los recordados don Chico Ponce y Roberto Valladárez. Entre los músicos que recuerda están don Tulio Aldana de Ocotal, Ramón Ruiz, don Lupe Ponce, Dolores Torres, los hermanos Peralta, Mercho Pérez, César Bustillo y otros.
Nos dice que el coro de la iglesia, entonces formado por don Ramón Ruiz, estaba compuesto por Carlota Tercero, Polita Umanzor, acompañados con el armonio ejecutado por Merceditas Ríos, también lo formaban las hermanas Fiallos, las hermanas Ordóñez, Laurita Guillén y su hermana.
El padre Chavarría formó un cuarteto donde participaban las hermanas Ordóñez, en esta escuela aprendieron música doña Guisela y doña Pinita Huete, excelentes ejecutoras del piano.
De sus recuerdos del Somoto de antaño, recuerda que, por ejemplo, las calles del pueblo a falta de luz eléctrica,  se iluminaban con ocotes y buruscas encendidas.
Los profesores de entonces eran don Ramón Ruiz, Nando Roque, don Víctor Talavera; el local donde funcionaba la escuela es donde ahora opera la Alcaldía Municipal; otro local fue donde hoy vive don Germán Alfaro.
Estudió música con don Quintín Morales, éste tenía un equipo formado por don Arnoldo Castellón, Germán Alfaro, Roberto Valladárez, Luis Sandoval (El Tico), Julián Díaz, Félix Pedro Peralta, que era hijo del famoso músico Pastor Peralta(Pituncho).
Cuando decidió formar su agrupación, la Tulita Baca le ayudó a comprar una guitarra eléctrica que le costó C$ 2,000, ya que anteriormente tocaba con una guitarra de madera, organizó el conjunto con el nombre de  Los Murmullos del Coco, recordando aquel grupo que había creado Carlos Mejía Fajardo (El Chas Mejía), integrado entre otros por José Aguilera, Moncho Morales, José María González (Chemalín),Chico Ponce, Marcial Díaz, estos amenizaban con marimba.

Su agrupación la formó con Toño Medina y Gladys Herrera, cantantes; El Tico en el saxofón y clarinete; Oscarito Fernández en la batería y José Tomás Amador con el acordeón.
Después de los Murmullos del Coco, formó la agrupación que se llamó Los Vampiros, equipados con 3 guitarras eléctricas, un bajo y un órgano. Estos equipos eran adquiridos con su propio dinero y esfuerzo, ya que como dueño de la agrupación, asumía todos los gastos que ella exigía.
Tuvieron muy buena acogida tanto en Somoto como en las ciudades vecinas, tomando en cuenta que en esos tiempos las fiestas eran amenizadas con grupos musicales, no existían las Discomóvil, de gran aceptación ahora.
Luego de esto, cambiaron el nombre por Blue Star y posteriormente Los Jolesman, este nombre era así porque representaba las iniciales de los nombres de cada uno de sus integrantes.
Otros músicos que acompañaron a don Chepe Fuentes eran Raúl Hernández, Gladys Herrera, Ramón Loáisiga, Edwin Artola (Tololo), Nelson Ramírez (Cumba de Leche), Oscar Blanco y otros.
Dice sentir satisfacciones de su andar por la música, ha tenido agradecimientos de las personas que formó como músicos, y de las organizaciones que ayudó.


En esta ciudad la organización de artistas somoteños lleva su nombre, algo que agradece personalmente; anteriormente le habían otorgado reconocimientos como el de 1998 que se le dedicó el VII Festival de canción romántica “Chas Mejía” y en el 2003, la Alcaldía Municipal le otorgó un reconocimiento por su aporte al desarrollo socio-cultural de nuestro municipio.
Sirva esta breve reseña como un homenaje muy merecido, aunque sencillo, de parte de la Revista MUSUNCE y del pueblo somoteño, lleno de sinceridad y cariño, a este hombre que llenó de gratas emociones a través de su música a todos nosotros, además de que hacemos patente el reconocimiento que le tenemos a don Chepe Fuentes, un hombre entregado al arte musical y al servicio de su comunidad.
Lógicamente nos faltan datos, fechas, nombres y otros; pero pedimos disculpas por estas omisiones involuntarias, debido a que el tiempo nos lo robó en el recuerdo, pero valen los sentimientos que tenemos a don Chepe, impregnados de respeto y admiración a su obra artística en pro de su Somoto natal.