martes, 28 de junio de 2016

La Fuga de Catedral
(Tomado del libro RELINCHO EN LA SANGRE escrito por Luis Enrique Mejía Godoy)


“…Sentir que es un soplo la vida que veinte años son nada…” (Carlos Gardel)

Mi residencia en la Casa Cural de la Catedral de Managua duró hasta fines de 1959, pues me escapé con mi hermana Armando,  cuando el Cura se dio cuenta que tenía tres meses de no ir a clases a la Escuela Americana de Comercio de Paco Martínez, donde él me matriculó, después de haberme graduado de mecanógrafo a los once años de edad, donde doña Julieta Matamoros de Morán. Monseñor quería a la fuerza, que yo estudiara la carrera de Comercio, pero yo insistía a los trece años de edad, en continuar mis estudios de secundaria, para después estudiar Medicina en la Universidad de León. Yo sabía de todas maneras, que la música me andaba endulzando la sangre desde que era un niño. Y de mis intenciones de ser médico, solo quedarían las experiencias de las clases de Biología en la Universidad de Costa Rica, abriendo sapos con un bisturí, o las curaciones y suturas, a borracho apuñalados en bochinches de cantinas, en el hospital de Somoto, como ayudante ocasional del Dr. Marcio Brenes, y las inyecciones que de vez en cuando pongo a familiares y amigos. Alguien me dijo una vez, cuando en Costa Rica pasaba por algunos problemas económicos: Por qué no ponés un rótulo en la puerta de tu casa, como suele hacerse en Managua: “Se hacen canciones sin anestesia y se ponen inyecciones con música…”
La fuga de la Catedral de Managua, en realidad nunca la planeamos, pero las circunstancias nos obligaron a tomar esta importante decisión con mi hermano Armando. En esos días, Monseñor ya sospechaba que nos habíamos robado un candelabro de plata del altar de la Santa faz, aunque no estaba seguro ni lo podía probar. Pero el día que nos escapamos y nos fuimos a Somoto, ya no le quedó ninguna duda. Nos habíamos mandado a hacer unas esclavas de plata donde Luis Méndez, que además de ser el intérprete del bolero Miryam, del famoso compositor nacional Víctor M. Leiva, tenía una joyería en el costado sur del Mercado Central, muy cerca del lugar donde una noche del 7 de Julio de 1958, en Justo Santos andaba buscando algo para comer, un celador mató al compositor de La Mora Limpia de pura choña. Las esclavas de plata, las terminamos empeñando en el Monte de Piedad, para el viaje a Somoto. Esa noche dormimos en la casa de un amigo de mi tío, por donde el cura ya había pasado preguntando por nosotros, arrecho y preocupado. Al día siguiente, muy de mañanita salimos a Somoto, donde mi papá y mi mamá nos esperaban. No nos castigaron, pero tampoco  nos celebraron esa decisión, tomada a los trece años de edad. Mi papá, sin embargo, con una sonrisita cómplice, nos hizo un guiño de ojo y se puso a silbar la melodía Los Patinadores, lo cual era señal inequívoca de estar de buen humor. El resto de ese año lo pasamos en El Espino, en la guardarraya de la frontera con Honduras, donde mi papá trabajaba como segundo al mando en las Oficinas de la Administración de Aduana que jefeaba el Coronel Francisco LLánes. Entonces, para aprovechar el tiempo, me pusieron a trabajar como mecanógrafo y ayudante (“Cachimber boy”) en las oficinas de la Aduana. Allí cumplí mis catorce años, mientras Armando, un año menor que yo, hacía un curso intensivo persiguiendo garrobos y conejos en los breñales de El Espino, seguido de un chavalero, se bañaba en las pozas, donde descubrió su amor por los petroglifos y el origen de los nombres de los ríos, los árboles y los pájaros; en aquellos años en que se agarraban los guapotes y las mojarras con la mano, antes de que apareciera la fatídica moda de pescar con clorato de potasio, provocando una gran mortandad de peces recién nacidos, lo mismo que sus nidos de huevos en Inalí, Tapacalí, Río Grande y en las pozas de Icalupe y Cacaulí. Ese año también aprendí a tocar los bongoes y la guitarra, escuchando los discos de Pérez Prado, y en las sesiones de tragos de mi papá y mi tío José María González “Chemalín”.
En la Aduana de El Espino, supe lo que eran los favores especiales, mejor conocidos como “mordidas”, cuando los viajantes pedían a los empleados, a cambio de unos dólares, córdobas o lempiras, o simplemente un paquete de cigarrillos extranjeros, adulterar el documento o hacerse de la vista gordal comprobar que no correspondía el número del chasis del vehículo con el dato de los papeles; y entonces entendí, por qué los aduaneros no reclamaban horas extras… Después trabajé como oficinista y ayudante para hacer pólizas  en la Agencia Aduanera de Camilo López Núñez, que administraba mi tío “Chemalín”. Y aprendí en ese oficio, que no pagaba el mismo impuesto una llanta que un tanque de gas butano, una guitarra salvadoreña, que una colcha guatemalteca, pero de todas maneras, esos impuestos no los pagaban los familiares de los guardias ni los ministros del gobierno, y los impuestos iban a parar al mismo lugar: la bolsa de los Somoza y sus socios.
Mi tío Chema me enseñó los primeros acordes de guitarra y los primeros recursos de armonía sencilla para bolerear, quizás por él fue que preferí la guitarra a los bongoes. Me encantaba ver su forma de poner el dedo pulgar encima del diapasón de la guitarra para tocar los bajos, como muchos años después vi hacer eso mismo, al guitarrista de la orquesta Jazz Max Blanco, a Mundo Guerrero en León; y en Costa Rica, al excelente guitarrista Solón Sirias (“...y sus Tinaja Brass”). Me impresionaba la sensibilidad de mi tío “Chemalín” para cantar las rancheras sin hacer alarde de falsetes de mariachi trasnochado. Simplemente cantaba con el alma, y con un disfrute que pocas veces he visto. Él me enseñó también a escuchar y apreciar los arreglos de las grandes orquestas que oíamos en los programas de las emisoras hondureñas, mismas que se oían con más claridad que las nicaragüenses en mi pequeña radio portátil Zenith, sorteando ráfagas de estática. Oí ese aguacero de violines… - me decía sonriéndose - . Escuchá esos tres saxofones en esa disonancia, y poné atención, -volvía a decirme, sobándose la cabeza del gusto-, como se quejan en ese glisado… Ya vas a ver que barbaridad, cuando aparecen los trombones y como le contestan las trompetas con sordina, no jodás! Y ahora viene la batería… Realmente era como escuchar por la radio Centauro a don Salvador Cardenal Argüello en sus Pequeñas Lecciones de música, de un aficionado para otro aficionado…
Después de estar en El Espino desde mediados de 1959 hasta Febrero de 1960, libre de la prisión de la Catedral y de la dictadura de Monseñor Mejía, me matricularon interno en el Colegio La Salle de Diriamba, otra prisión donde me rocé con lo más espeso de la clase media y alta de los pueblos alejados del Pacífico, que mandaban a sus hijos a estudiar a los internados de los colegios católicos, como que era a los Estados Unidos, y llegaban los fines de semana a visitarlos en sus carros de lujo último modelo. Mis padres con un gran sacrificio llegaban una vez al año, en taxi. Me pagaron la matrícula con dinero prestado, y con la ayuda de mi tía Evelina de Somoto. El Cura Mejía no quería verme ni pintado. Y cada mes yo recibía un semanario de cinco pesos que tenía que estirar para mis gaseosas y mi repostería durante los recreos, dinero que por supuesto no me ajustaba para los primeros cigarrillos que ya fumaba y las cervezas y los tragos de Santa Cecilia que empezaba a tomar a mis quince años, en las cantinas de Jinotepe y Diriamba. Mis padres hacía milagros con el salario de oficinista que mi papá tenía en la Aduana, y con el ingreso por la venta de los nacatamales (los más ricos del mundo), que hacía todos los sábados mi mamá.
El 10 de noviembre de 1960, un nuevo levantamiento armado contra la dinastía de los Somoza, se tomaba las ciudades de Jinotepe y Diriamba, en un bochinche de “¡Viva la revolución!”, carreras desordenadas, alboroto de campanas, pitos de carros y una lluvia de balazos a diestra y siniestra de rifles 22, pistolitas caseras y una que otra ametralladora. Los aviones de la FAN volaron rozando los techos de las casas, produciendo un reguero de plumas y un escándalo de golondrinas, palomas de castilla y zanates de los aleros de las casonas, los campanarios de las iglesias y los cipreses el pueblo. Los Somoza enviaron inmediatamente a la Guardia Nacional a aplastar aquel nuevo intento de insurrección. Lo yipones repletos de guardias armados hasta los dientes, y las modernas tanquetas, salieron de Managua en una ruidosa caravana militar, desbaratando la tranquilidad de las Quintas y destruyendo el pavimento de la carretera sur, y llegaron hasta las dos pequeñas poblaciones al caer la noche, cuando la neblina del 11 de noviembre empezaba a llenar los guindos de Casa Colorada. Entonces los rebeldes, al amparo de la noche y la neblina, huyeron de la ciudad, en retirada táctica por los cafetales que estaban prácticamente en la frontera con los jardines y los campos deportivos del colegio La Salle. Los revolucionarios llegaron al colegio como a las siete, cuando nos disponíamos a irnos al dormitorio, después de cenar y de gozar del último recreo del día. Traían amarrado como rehén, al Mayor Dorn, Comandante del cuartel de Diriamba. Por primera vez yo miraba un guardia de prisionero y de cerca un fusil Garand en manos de alguien que no fuera un guardia, y esto me hizo fantasear por algunos segundos, hasta que una balacera quebró lo vidrios de las ventanas de nuestro dormitorio, y vi caer vidrios hechos añicos, por las ráfagas de ametralladoras disparadas desde afuera del colegio. En diciembre se cumpliría el primer aniversario de la revolución cubana. Entonces vi los rostros del Che Guevara, Fidel y Camilo, en los rostros de los estudiantes del cuarto y quinto año que ayudaron a los rebeldes,  les dieron agua, les obsequiaron cigarrillos y curaron sus heridas. Vi al Negro Chamorro ( el mismo que un día, desde una habitación del Hotel Intercontinental, audazmente disparó un rocketazo al bunker de Somoza), con un pañuelo ensangrentado alrededor del cuello, y a Herty Lewites, sofocado, subiendo y bajando las gradas del dormitorio del internado, sin imaginarme que un día de 1978, Herty llegaría hasta mi casa en Costa Rica, para invitarme a militar en la tendencia Tercerista del FSLN y hacerme entrega del Plan de Gobierno Revolucionario del FSLN. En esa noche de la toma del colegio por los alzados antisomocistas, los Hermanos Cristianos tenían mucho miedo, los mismo religiosos que nos ponían castigos físicos por pequeñas faltas, arrodillados y con los brazos en cruz, ahora sudaban, pues eran amigos de los Somoza, y en el colegio estudiaban muchos hijos de militares. A pesar de esto, la Guardia rodeó el edificio de La Salle y disparó al segundo piso, donde estábamos los internos en los dormitorios, aunque las balas no provocaron más que algunos vidrios rotos y paredes descascaradas; y finalmente, una vez más, con la mediación de la iglesia y el Cuerpo Diplomático, conservando como garantía a los hijos de los militares, los revoltosos se entregaron envueltos en la bandera de Nicaragua, para asilarse en alguna de las pocas embajadas latinoamericanas con gobiernos democráticos.
Algunos tuvieron la suerte de conseguir asilo político en países como Brasil, donde no solo mejoraron su técnica como miembros del equipo de fútbol Diriangén de Diriamba, sino que aprendieron bailar Samba y a beber Caipiriña. La Guardia se marchó victoriosa con sus tanques y yipones, no sin antes prometerle a los Hermanos Cristianos repararle los vidrios y las paredes descascaradas, patrolearle los campos deportivos, pintarle la capilla y construirle un nuevo pabellón para los internos por cortesía  de la familia Somoza.
Por fin, después de un día de cautiverio, salimos todos los alumnos, y por último los hijos de los militares. Ese mismo 11 de noviembre se celebran las fiestas de Somoto en conmemoración de la fundación del Departamento de Madriz. Así que nos fuimos los somoteños que estábamos internos en La Salle, a unas vacaciones que los Curas se vieron obligados a darnos, y que olían al fin de un invierno copioso y a pólvora mojada. Con los compañeros internos del colegio, originarios de Estelí, Pueblo Nuevo y de Ocotal, tomamos el mismo bus, cuyo último destino era Somoto.
En esos días acostumbrábamos a escuchar a escondidas, en algún rincón de la casona de Somoto, Radio Habana Cuba, desde el llamado “Primer territorio libre de América”, después del triunfo de Fidel Castro y del Movimiento 26 de Julio contra la dictadura de Fulgencio Batista. La marcha Sierra Maestra que cantaba el “Inquieto Anacobero” Daniel Santos, sonaba en la única emisora del pueblo que cubría un radio máximo de cuatro cuadras: Radio Norte, Popular y Complaciente, anunciaba el locutor de turno, hijo del dueño de la Radio, Cónsul de Honduras en Somoto, opositor al régimen de somocista y simpatizante de la revolución cubana, que encendía el trasmisor todos los días a las ocho de la mañana, si no amanecía de goma, y lo apagaba cuando se iba a jugar desmoche al garito.
Al llegar al pueblo, la gente nos recibió como si nosotros  hubiéramos sido los protagonistas del levantamiento armado, ocasión que aprovechamos para narrar nuestra propia versión de la historia, con su respectiva dosis de ficción. La figura del Che y la música de Los Beatles era materia prima para el inevitable desarrollo de la rebeldía de los jóvenes del mundo y especialmente de nuestro continente. En Nicaragua en particular, sobre todo después del 23 de Julio de 1959, fecha en que fueron asesinados por la Guardia, cuatro estudiantes universitarios en las calles de León. Pero también Julio es símbolo de alegría en nuestro país. Y el 19 de Julio de 1979, Nicaragua se liberó del yugo somocista y  los nombres de los héroes vibraron en las consignas de la revolución más joven de América Latina, veinte años después que me fugué de la Catedral.
Yo ni siquiera soñaba con el oficio de cantar, mucho menos me imaginaba, que algún día iba a subirme a una tarima para tocar la guitarra en actos políticos del Partido Comunista de Costa Rica y del Frente Sandinista, o en los grandes conciertos de Solidaridad, muchísimo menos, que iba a tener el privilegio y la alegría de ver la derrota de la dictadura y el triunfo de la insurrección popular, hasta ser partícipe de una revolución en mi país, por la que miles de nicaragüenses ofrecieron generosamente su vida en los últimos cincuenta años y en la que apostamos todos nuestros sueños, nuestro trabajo y nuestra juventud. Yo simplemente quería cantar, siempre quise hacerlo desde que me arriesgué una mañana a bajar del clavo de la pared del cuarto de mi padre, su guitarra. Desde entonces es más lo vivido que lo perdido. Hasta que en la madrugada del 26 de Febrero de 1990, después de once años de boqueo, extorsión, chantaje y traiciones, con una guerra fratricida, impuesta y financiada por el gobierno de EEUU, la CIA y los sectores más reaccionarios de la sociedad norteamericana, amaneció Nicaragua como de luto porque el FSLN perdió las elecciones. El pueblo decidió nuevamente por la paz a un costo muy grande: el hambre, la desocupación, el tráfico de drogas, la prostitución, la corrupción, el oportunismo y la pérdida de los valores y los principios fundamentales por los que muchos ofrendaron sus vidas. Yo solo arriesgué mi guitarra y mi garganta y le entregué todo mi tiempo a la lucha y a la patria, sacrificando mi familia.
Cuando llegamos a Somoto aquel 12 de Noviembre de 1960, la gente del pueblo nos preguntaba cómo eran los revolucionarios. Nosotros les contestamos: “jóvenes, barbudos, sucios y rotos”. Y el carpintero del pueblo, dijo: ¡Para ser revolucionarios también hay que tener los huevos grandes…! La revolución cubana tenía un año de nacida y todavía en Miami no se hablaba de intentar asesinar a Fidel, o de encargar uno de los pelos de su barba; ni Luis Aguilé había escrito la canción: Cuando salí de Cuba dejé enterrado mi corazón… que tanto les sirvió a los exilados, dueños de ingenios, empresas de tabaco, hoteles y casinos, como paleativo para su nostalgia, por sus años de “sacrificio”, vividos en “democracia y libertad”, en la Cuba de Batista.
En 1960, las canciones de los Teen Top de México, nos hacían cantar el rock´n roll gringo de moda, en español. Recuerdo que ese año gané con unos amigos en La Salle un concurso de música, con el rock and roll, La Plaga (en la versión de Enrique Guzmán). Yo toqué el piano y canté, acompañado de dos compañeros que tocaron las maracas y los bongoes en una versión tropicalizada. Mientras las canciones de Joan Baez y Bob Dylan, se incubaban a la izquierda del corazón y de la conciencia de la juventud. Y por supuesto, nosotros no éramos la excepción.
Atrás habían quedado los cinco años de sobrevivencia en la Catedral de Managua, y ya nadie podía detenerme en la búsqueda de la verdad. Cuando terminé mi primer año de secundaria en La Salle, le pedí a mis padres que me pusieran interno en el Calasanz de León, donde estaba mi hermano Carlos. Nos matricularon a Armando y a mi. Chico Luis entró a estudiar Odontología a la Universidad y ese mismo año se escapó con su novia y otra pareja y se casaron el León, con una pistola apuntándole a la cabeza. De ese relincho nació mi sobrino, el Salsero, Luis Enrique. En las calles de León se respiraba a medio metro de distancia, un olor a conspiración y a guerrilla. Al año siguiente, Carlos Fonseca fundó en la montaña el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Ese año compuse mi primera canción con la complicidad de mi corazón, que por primera vez se enamoraba. De la canción no me acuerdo ni una palabra. De la muchacha me acuerdo solo del olor de sus manos. En 1961, organizamos un grupo musical con mi primo Gustavo Paguaga y otros compañeros al que después se incorporó Leopoldo Rivas Alfaro que además decidió hacerse guerrillero sandinista. Los Mejía Godoy éramos los músicos del internado del Calasanz. Mi hermano Carlos había formado “La Rondalla Calasancia” en  los años anteriores. A mí la sangre dulce me bombeaba en el cerebro. Por amor al arte éramos capaces de ensayar todo el año solo para tocar en dos o tres actos anuales del Colegio igual que hacen los músicos de las fiestas tradicionales de Diriamba, para la danza mestiza del Güegüense, con un pito y un tambor. Cuarenta años después de nuestra fuga de la Catedral, la música me sigue dando vueltas en la cabeza junto con los recuerdos, y pienso que valió la pena correr todos los riesgos necesarios para llegar a conseguir uno de mis sueños: ser trovador.
A veces yo me pregunto, cuánto se de mí mismo
Y cuál de todos mis sueños lo defiendo desde niño.

A veces me siento solo como página no escrita
Y a veces soy tan feliz que hasta lloro
Por tanta vida vivida…!

miércoles, 13 de abril de 2016

Editorial de la Revista Musunce No. 94
APUNTANDO A UN MEJOR PERIODISMO
José Tomás Díaz G.

Los periodistas de Somoto, amablemente nos extendieron una invitación para asistir los días 18 y 19 de Marzo a un Seminario que impartiría en esta ciudad, miembros del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí “, de Cuba, promovido por el Colegio de Periodistas de Nicaragua; los conferencistas fueron los cubanos Lic . Ariel Terrero y la Doctora Ana Teresa Badía, sobre técnicas de Periodismo que enriquecen y proveen herramientas para la elaboración profesional de una noticia, a través de la prensa, la radio y la televisión.

Aunque nosotros, no somos periodistas, especialmente mi persona,  en nuestra revista  cumplimos con un papel social  importante, al presentarle  a nuestros lectores artículos de información histórico- cultural influyendo de esta manera en la sociedad, en el ámbito de la cultura y el rescate de nuestras tradiciones.   Tomando en consideración  esta premisa es que se nos invitó a participar en tan importante evento.


La conferencia fue un análisis de la madeja periodística al momento de elaborar una noticia. Se presentaron, con suma claridad y gran dominio temático de parte de los conferencistas, todos y cada uno de los elementos que definen los tipos de periodismo, y se nos enseñó la senda a seguir para elaborar correctamente una noticia, un reportaje o un documental en cualquiera de los medios de difusión, y para cualquiera de los tipos de periodismo. Nos dieron a conocer la importancia que en la actualidad tiene el uso de  internet y sus redes sociales en el trabajo periodístico.

Noté en los participantes,  durante el desarrollo del seminario, bastante participación con sus preguntas e inquietudes,  acentuando con ello el deseo de absorber esos conocimientos para mejorar su nivel en el importante rol de la comunicación social.

Esperamos  que estos conocimientos y técnicas sean  aprovechados  y llevados oportunamente a  la  práctica en sus trabajos, a fin de tener un periodismo profesional, unido en su gremio y en las actividades de su quehacer en la sociedad, ya que esto dará prestigio a cada uno de los periodistas y por ende a nuestra ciudad.
OTORGAN ORDEN MONSEÑOR
JOSE DEL CARMEN SUAZO
A PERIODISTAS DE SOMOTO


En el marco de la celebración del “Día del Nacional del Periodista” este 1ro.  De Marzo, el Consejo Municipal de esta ciudad otorgó la Orden Monseñor José del Carmen Suazo Hernández, a los periodistas Hugo Ramón García y Harlen Espinoza. El acto se realizó en la Sala Teatro del Palacio Municipal de la Cultura “Ana Urchueguía Asensio” de esta ciudad

Presentamos las palabras pronunciadas en tal evento por el periodista homenajeado Hugo Ramón García.

Sr. Alcalde Municipal Prof. Marcio Ariel Rivas Núñez, ausente en estos momentos, previa justificación;

Sra. Vice Alcadesa Municipal, Dania Sujey Martínez Mondragón;

Honorables miembros que integran el Consejo Municipal de Somoto;

Concurrentes todos:

Me motiva sobremanera la satisfacción particular de agradecer el reconocimiento que en esta ocasión singular se hace de mi persona hoy, que se conmemora el “Día Nacional del Periodista”, justamente acordado por el extinto Presidente de Nicaragua, Dr. René Schick Gutiérrez, y promulgado mediante ley oficial por el entonces Congreso Nacional de Nicaragua.

En lo que a mí concierne, siento que he llegado a una realización de mi vida, una realización que francamente no la esperaba, pero llegando a una conclusión reflexiva, estimo que el tiempo ha llegado para que la justicia y la razón, en su conjunta expresión, me hagan partícipe de lo que estoy experimentando en este acierto vital de nuestra interesante historia, porque en esta última se encarnan las realidades del presente.

Estimulado por la juventud y por los principios que me orientaban con indudable entusiasmo, sentí la necesidad de darle a mi pueblo, hoy elevado a la categoría de ciudad, con el aporte del pensamiento y la pluma, mis primeros escritos en el Diario La Prensa, que valientemente dirigía el Mártir de las Libertades Públicas y Héroe Nacional, Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, a quién tuve el agrado de conocer y fui objeto de su estimación.

Y fue de esa manera cuando apareciendo mi primer artículo aquel lejano 25 de Noviembre de 1964 que me inicié en el periodismo empírico. Partiendo de ese momento, me tomé la tarea, a la temprana edad de dieciséis años, a seguir redactando para el rotativo en mención, que a mucho orgullo y con abierta tenacidad, combatía a la siniestra y depuesta dictadura somocista, hasta que los fusiles libertarios de pueblo, pusieron fin a su escabrosa existencia.

Tiempos difíciles me tocó vivir en un ambiente saturado de servilismo, donde se acostumbraba rendirle pleitesía con el incienso de la adulación, al todopoderoso que bañó de sangre el rostro pálido de la Patria, pero no me di tregua en el entregado afán de escribir, porque desde la trinchera de la verdad, me impuse la obligación de hacer lo que tenía que hacer para testimonio de mis propias creencias; y, porque además,  siempre obtuve el respaldo moral de amigos que, como Constantino Maldonado Lovo, me demostraron la benevolencia de su carácter viril, y esa afirmación de mis escritos la he venido corroborando con los archivos que conservo con suma veneración, ya que en ellos se plasma la afirmación de mis evidencias.

Antonio Machado, apasionado filósofo de épocas memorables, lo ha dejado dicho para la posteridad: “Ni el pasado ha muerto, ni está el mañana en el ayer escrito”. Ciertamente, el pasado vive, cuando precisamente hemos sido actores de cosas buenas; y el mañana, como es algo incierto a los ojos del futuro, nos quedamos con las lecciones del mismo pasado.

No pudiera cerrar mi autorizada intervención, sin antes ofrecer un saludo a las simpáticas damas que hoy nos acompañan en esta solemne ocasión. A ellas, que son sinónimo de encanto, cuales musas de amor y la amistad; a las simpáticas portadoras que llevan en su alma el evangelio de la virtud, deposito simbólicamente en sus cándidas manos, las agraciadas flores que nacen en los huertos mañaneros; como un homenaje de sentida admiración a la dignidad que atesoran en su expresiva personalidad, y de la cual me complazco en exaltar.

Muchas gracias

miércoles, 3 de febrero de 2016

COMO SE CAMBIO EL CEREBRO
DE RUBEN DARIO
POR EL DE UNA SOMOTEÑA



I PARTE.


"Aquella misma noche el doctor Debayle y su compañero procedieron a hacer la autopsia y el embalsamamiento de mi cuerpo. Conservaron el corazón pero las otras vísceras fueron enterradas en el cementerio de Guadalupe, al lado del sepulcro de la tía abuela Bernarda. No contentos con lo hecho, los dos médicos extrajeron una horas después mi cerebro, y Debayle, diciendo que lo quería para hacer un estudio, se escapó con él. Andrés Murillo, al enterarse de lo sucedido, le hizo detener por la policía y hubo un altercado brutal. Mi cerebro fue depositado en la Dirección de la Policía en espera de una decisión del Gobierno. Éste resolvió entregárselo a Rosario, quien, a su vez, lo confió a otro médico rival de Debayle."   (Fragmento de la novela “Yo, Rubén Darío”,  Memorias Póstumas de un Rey de la Poesía” de IAN GIBSON,  Madrid 2002)

            Mucho se ha escrito sobre el cerebro de Rubén Darío, sobre todo los hechos penosos que se suscitaron una vez que se le hizo la extracción por el Dr. Luis Henry Debayle y su discípulo el Dr. Escolástico Lara, cuando el malévolo  cuñado del poeta Andrés Murillo, con fines nada científicos, se lo arrebató violentamente a Debayle, lo que ocasionó, mientras se dilucidaba la situación,  que  la noble víscera quedara “detenida” en la Dirección de Policía de León, hasta que las autoridades de Managua determinaron, insólitamente, se entregara a la familia Murillo.
            Presentamos  en esta edición un extracto del magnífico artículo del Dr. Salvador Pérez Grijalva escrito en la Revista Enfoques, donde se desenreda  toda  esta madeja y se establece  qué tuvo que ver, en forma pasiva  en el asunto,   una “humilde mujer venida de lejano lugar” –somoteña, según se verá adelante-  lo que conocerán, apreciados lectores,  en su momento.  También el Dr. Pérez Grijalba  asegura con propiedad dónde quedó el cerebro de Darío, pues él,  como alumno del Dr. Escolástico Lara, participó en la autopsia y tuvo conocimiento de hechos, que juró no revelar en vida de los doctores Debayle y Lara, juramento que cumplió a cabalidad.
            Como se han tejido innumerables versiones sobre el cerebro de Darío, su autenticidad,  su paradero, consideramos digna de la mayor credibilidad la del Dr. Pérez Grijalba por las razones apuntadas en el párrafo anterior y otras que,  constituyen un sólido sustento y se irán develando a lo largo de este artículo.


II PARTE

En nuestro artículo anterior, ciñéndonos al relato del Dr. Salvador Pérez Grijalba, médico que participó en la autopsia y extracción del cerebro de Rubén Darío dirigida por los doctores Luis Henry Debayle y Escolástico Lara, referíamos que el cerebro del panida fue cambiado, operación ejecutada por el primero y ordenada por   los últimos.  En esa relación el doctor Pérez Grijalba afirma, que él fue  testigo presencial de la autopsia, en la que tomó parte como practicante de medicina y discípulo de los maestros doctores Luis H. Debayle y Escolástico Lara.
La intervención del joven practicante de medicina fue más allá, siempre obedeciendo las órdenes de sus preceptores Debayle y Lara, pues llegó incluso a la extracción de otros cerebros en el Hospital San Vicente de León, todo con la finalidad de evitar que el cerebro de Darío cayera en manos de los inescrupulosos que pretendían traficar con él con abyectas finalidades.
El frío relato del doctor Pérez Grijalba en el que se refiere la extracción del cerebro de Rubén, así como la de otros cerebros para proceder a realizar el cambio, pareciera  un suceso tomado  de las páginas de esas novelas de ciencia ficción, donde en el silencio sepulcral de la noche,  maléficos científicos extraen cerebros para trasplantarlos a otros seres humanos con aviesas pretensiones.  Sin embargo, vemos que aquí, el caso de las  extracciones, si bien se hace en forma subrepticia,  no obedece a pérfidas maquinaciones con finalidades de lucro o algo parecido.

DEBAYLE Y LARA: PERSONAJES DE INCUESTIONABLE REPUTACIÓN.

El doctor Salvador Pérez Grijalba,  consciente  de la gravedad de estos  hechos, los justifica con la noble finalidad que lo han impulsado a realizarlos y comparte la responsabilidad con sus maestros, a la sazón los directores intelectuales,   de quienes escribe una semblanza en el mismo artículo, donde con rotundidad de argumentos exalta la reputación de ellos: conspicuas figuras del mundo de la  ciencia y personas  de inobjetable hombría de bien.   Dice de ambos galenos:
“…Figuras científicas vigorosas de Nicaragua, de alto kilataje (sic) moral y virtudes ciudadanas.  Ninguno de mis compañeros ha conocido a los profesores Debayle y Lara como yo, por haber convivido con ellos en la comunión de la idea y ajetreos profesionales cerca de 20 años; nadie como yo, ha conocido de sus afanes y preocupaciones científicas, sus grandezas y debilidades y es por eso que me considero con derecho a hablar de ellos.  Por viejos vínculos de amistad de nuestros padres tuve la oportunidad de estar al lado del Dr. Debayle desde que inicié mis estudios profesionales, luego como interno de la sala “Debayle” en el Hospital “San Vicente” de esta ciudad y después como Interno de su Casa de Salud en unión del Br. Sérvulo González.  Esa Casa de Salud que él fundó recién llegado de Francia, era el centro de sus actividades a donde concurrían los enfermos de toda la República y aun fuera de ella; esa casa de gloriosa recordación donde manifestó el maestro de manera singular su poderosa y privilegiada inteligencia, la habilidad y firmeza de sus manos; esa casa que poseía un museo patológico, el mejor de la República…… Con el Dr. Lara me unieron los vínculos del afecto, antes de iniciar mis estudios profesionales me llamó para ponerme al frente bajo su dirección del magnífico laboratorio clínico, el primero en su género en Nicaragua, que había traído de Hamburgo e instalado en su bien equipada clínica”.
“Debayle y Lara son los abanderados del movimiento científico en Nicaragua.  Debayle  fundador de la nueva escuela, innovador en el campo de la cirugía.  Lara, su discípulo predilecto e inseparable durante más de 30 años.  Para apreciar la labor y reconocer su verdadero valor y mérito, necesitamos colocarnos en aquella época en que les tocó actuar.  Veamos el estado en que se encontraba la Medicina y la Cirugía en la última mitad del siglo pasado.   Las ideas que reinaban, cómo eran los hospitales en toda la República, para convencerse de la magna obra y ardua tarea realizada.  Repito aquí lo que tantas veces me refería el doctor Lara para exaltar la obra de su maestro”.
“Desde la renovación llevada a cabo por el Dr. Debayle en el campo médico quirúrgico, nuestra Escuelas de Medicina no ha dejado de marchar constantemente a la par de la evolución científica.  Todo nuevo conocimiento que sale a luz es recogido por sus catedráticos y transmitido a la legión estudiantil.”
Con semejante presentación de credenciales que hace el Dr. Pérez Grijalba de sus eméritos preceptores, en las que ha incluido sus numerosos estudios en instituciones europeas, honrosos galardones, distinciones y cargos honoríficos, membresía en reputadas sociedades y congresos médicos, deja clara la percepción de  que hombres de semejante estatura científica y moral solamente toman decisiones que atañen al bien común.

PREPARACIÓN PARA LA AUTOPSIA.

Refiere el doctor Pérez Grijalba que la noche del 6 de febrero, cuando agonizaba el bardo, el Presidente de la Junta de Beneficencia ordenó al estudiante   Br. Francisco Baltodano C., Interno del Hospital,   trasladar  a la casa mortuoria el instrumental necesario para la autopsia y embalsamamiento, lo que cumplió inmediatamente, pues llegó acompañado de otros compañeros de su curso de Medicina que pretendían presenciar el acto.  Sin embargo se regresaron desilusionados, ya que por disposición superior no se les permitió en su momento presenciar la autopsia que principió a las 12 de la noche y terminó a las 5 y media de la mañana del día 7. 
La reacción de los frustrados estudiantes no se hizo esperar y al día siguiente expresaron su protesta por la prohibición de que fueron objeto, aduciendo que fue motivada por el temor de un fracaso en el diagnóstico de nuestros maestros, que era de Cirrosis hepática, en contradicción de lo que habían diagnosticado antes los galenos guatemaltecos que era Tuberculosis pulmonar.

PROCEDIMIENTO EN LA EXTRACCIÓN DEL CEREBRO.

La noche del 7 de febrero, una vez concluida la velada fúnebre de esa fecha, se trasladó el cadáver a la casa mortuoria para proceder a la extracción del cerebro.  La operación duró unas 3 horas, pues inició a eso de las 2 de la mañana y terminó como a las cinco del día 8.
De acuerdo con las notas y apuntes del doctor Escolástico Lara, la extracción del cerebro se realizó así:
Para el cerebro, introduciremos en la nariz un trocar fino y con un golpe moderado romperemos la tabla del etmoide, penetrando así en la cavidad craneana para introducir con facilidad la inyección y luego la solución de picro formol, con el objeto de endurecerlo y que conserve su forma ya fuera de la cavidad.  Para esto hay que dejarlo varias horas. (A Rubén se le extrajo el cerebro a las 24 horas).  Para extraer el cerebro, haremos la incisión corriente del cuero cabelludo, transversal, al nivel de los conductos auditivos externos.  Disecaremos hacia adelante, hasta las cejas y hacia atrás, hasta el occipucio.  Después haremos el corte común del cráneo para levantar la bóveda, etc., etc.  Haciendo el corte en su lugar de elección previa ligadura, etc.  Luego colocaremos algodón impregnado de bálsamo, etc. Reposición de la bóveda y sutura del cuero cabelludo.  Revisaremos las suturas, haremos la limpieza del cadáver, procediendo enseguida a envolver con bandas de franela impregnadas de la mezcla de bálsamo del Perú, mirra, etc., ajustándolas bien al cuerpo, dejando libres únicamente las manos y la cabeza.  Fijamos las bandas con alfileres y luego haremos el tocado con polvo facial, pintura o colorete, perfumes, etc.  Conforme.  E. Lara”.

LA EXTRACCIÓN DEL CEREBRO Y LA ABUSIVA INTROMISIÓN DE ANDRÉS MURILLO.

Relata descriptivamente  el doctor Pérez Grijalba   los trascendentales momentos de la extracción de la preciada  víscera:
Efectuada por las manos hábiles y expertas de mis maestros que deseaban no maltratar en lo mínimo la noble víscera, para conservarla íntegra, como una reliquia, en nuestra centenaria Universidad.   Momento solemne fue el contemplar el cerebro recién salido de la caja craneana.  Qué emoción me embargó al recibir de manos de mis maestros el cerebro para pesarlo y medirlo.  El cerebro y el líquido inyectado, todo en conjunto pesó 1,415 gramos.  Medido solo el cerebro tenía de longitud 18 centímetros, anchura 15 centímetros y altura 14 centímetros.  Colocar el casquete y suturar, etc., cuando vino lo inesperado: Andrés Murillo, el intruso penetró furtivamente al recinto y con garra felina las clava en la noble y delicada  víscera saliendo precipitadamente, corre tras él el Dr. Debayle con las manos enguantadas para rescatar la preciosa presa.  Se entabla la  lucha,  ¡Qué horror! Ya en la calle se oyen las voces de varios vecinos y transeúntes sobresaliendo la de Debayle sonora y lapidaria que decía: ”¡Suéltalo! ¡Bárbaro!”.  Entra un gendarme con el cerebro en las manos y lo coloca en un azafate de la mesa próxima.  Bastaron diez minutos para deformarlo; ahora parecía una gorra de los cadetes Saint Cyr.  Al romperse las ligaduras y desgarrar la masa y los vasos, todo el líquido se escapó.   Debayle tenía el delantal manchado por la solución inyectada.  El Dr. Lara exclamó: “todo nuestro trabajo ha sido inútil por la incomprensión”.  El cerebro fue llevado por el gendarme a la Dirección de Policía donde permaneció más de dos horas, esperando órdenes de Managua; al fin fue entregado a Murillo.  Entre tanto el señor Murillo lanzaba amenazas de muerte  al Profesor Debayle.

EL PLAN PARA CAMBIAR EL CEREBRO. CÓMO SE REALIZÓ.

Cuando se tributaban las honras fúnebres del excelso Príncipe de las Letras Castellana en  los primeros días el cerebro del vate, según Murillo de su propiedad,  se exhibía públicamente y el doctor Debayle, preocupado por la infamia que el perverso individuo pretendía con su negociación, llegó a la conclusión de que no debían quedarse de brazos cruzados permitiendo al codicioso cuñado salirse con la suya.  Fue así que concibió  la audaz  idea de cambiarlo, para lo cual   llamó al doctor Pérez Grijalba con quien conversó en su cuarto de su biblioteca. Sobre  esta secretísima plática el discípulo escribió   lo siguiente:
Espero me ayudes, debes actuar con rapidez, necesitamos un cerebro para hacer el cambio; no debemos permitir que el cerebro de Rubén nos lo arrebaten; es nuestro, de nuestra Universidad; pero antes prométeme una discreción absoluta, te lo pido en nombre de tus adorados padres, no debe decir ni una palabra de este asunto mientras yo viva, mira que Andrés es capaz de todo.  El Dr. hablaba  muy nervioso, emocionado yo únicamente me limité a decirle: Sí, maestro, así lo haré (rogando a Dios poder cumplir”.

EXTRACCIÓN DE OTRO  CEREBRO. PRIMER PASO PARA EL CAMBIO.

Con visible gravedad en su rostro, el  joven estudiante de Medicina  Salvador Pérez Grijalba se despidió del doctor Debayle sumamente preocupado, pero decidido a cumplir la delicada comisión encomendada.  Lo primero que hizo fue buscar información en el Hospital San Vicente y al efecto se contactó el miércoles 9 con el Br. Ramón Herrera Ruiz,  el interno de turno, quien  le informó que había una paciente a punto de morir.  El propio día jueves 10 de febrero,  en horas de la mañana,  se anunció su deceso y se avisó a los alumnos de disección que había un cadáver para los que deseaban trabajar.  El Dr. Pérez Grijalba refiere así el asunto en su nominado escrito:
“Trabajamos las horas reglamentarias y esperé el silencio de las horas vespertinas para, calladamente, acompañado del silencio de la sala, hacer la extracción del cerebro, tan deseado por las circunstancias, de una mujer humilde venida de lejano lugar.  El cerebro era voluminoso debido al edema, apropiado para hacer el cambio.  Se trataba de una mujer que había ingresado al Hospital el día 6 de febrero en estado comatoso, sin otro dato más por su estado mental.  Falleció el día 10 a las 7 de la mañana.”   El interno de turno en esa fecha, Br. Rodrigo Quezada expidió el correspondiente certificado de defunción de la infortunada mujer que llegó a morir lejos de su amada tierra.

CERTIFICADO DEL HOSPITAL y  RESULTA QUE,  LA DIFUNTA ERA ORIGINARIA DE SOMOTO.

En el mes de enero de 1941, a solicitud de parte interesada se extendió el documento que literalmente dice: “CERTIFICACIÓN. La suscrita Superiora del Hospital San Vicente certifica:  Que en el Libro de Defunciones años 1,913 a 1,924 hay una partida correspondiente al 10 de Febrero de 2016 que literalmente dice: Febrero 10 1,916.  A las 7 a.m. falleció de hemorragia cerebral, MARÍA RUIZ, parecía como de 50 años, se ignora cuáles eran sus padres.  Costurera. NAT. DE SOMOTO.  Esta enferma entró el día 6 del mismo mes y año según consta en el Libro de Entradas años de 1,915 a 1,922.  A solicitud de parte interesada extiendo la presente en la ciudad de León a los nueve días del mes de Enero de 1,941.- (f) Sor Matheu. Superiora del Hospital San Vicente- Aquí un sello- (Hago constar que el primer certificado extendido el 12 de Febrero de 1,916 por Sor Babled, entonces Superiora, se me traspapeló).
El doctor Pérez Grijalba refiere que el cerebro de la somoteña María Ruiz lo entregó en horas de la noche de ese mismo día 10 de febrero, ocultándolo en la clínica del Dr. Escolástico Lara.  Inmediatamente se procedió a realizar el cambio de cerebro y se recuperó el de Rubén Darío.

Después de todo esto –el arrebato del cerebro, la retención del mismo en la Dirección de Policía- surgió  un misterio que duró muchos años sobre, si el cerebro que se exhibía públicamente era el verdadero o no, lo que llevó al Diario Novedades en 1959 a realizar una encuesta con la finalidad de investigar sobre el paradero del mismo,  pues se llegó  incluso a afirmar que estaba en Argentina, que lo había adquirido el gobierno de ese país, o que lo tenía  el Diario La Nación, que negó categóricamente esta especie en cablegrama publicado en Novedades de 11 de noviembre de 1959, que textualmente  decía: “Buenos Aires, Nov. 10 de 1959.  Novedades, Managua, Nic.  Es absolutamente falso especia este Diario haya adquirido ni poseído nunca cerebro Rubén Darío; esto igualmente absurdo juzgamos noticia haya adquirídolo Gobierno argentino.  Ignoramos paradero cerebro; no tenemos información alguna respecto. Saludos. Diario “La Nación.”
            En carta del  Dr. León Lara Manning  (hermano del doctor Alejandro Lara Manning), muy recordado por lo somoteños, escrita  a “Novedades” en noviembre de 1959,  expresó: que “La inquietud científica del Dr. Debayle no tenía límites y su padre –el doctor Escolástico Lara- acompañaba a Debayle como un hijo a su padre.  Para ellos no fue pecado cambiar el cerebro de Rubén Darío, para que no cayera en manos profanas, esto es, no científicas.  Estoy seguro que ellos jamás pensaron que el cerebro sería remitido al Dr. Martínez (Juan José), quien es para Granada lo que Debayle era para León; mucho menos pensaron que escribiría sobre el “falso cerebro”.    “Existe un testigo presencial –continúa la carta- de estas cosas que entiendo que tiene datos precisos sobre el particular y que no he visto citado.  Se trata del doctor Salvador Pérez Grijalba, quien vive en León y fue alumno de mi padre y tomó como estudiante parte activa en estos hechos.  Le sugiero que invite el doctor Pérez Grijalva para que tome parte en esta discusión”.
            La exhortación del doctor León Lara motivó al Director de “Novedades” a comunicarse con el  doctor Pérez Grijalba, que le contestó lo siguiente:   “En respuesta a su mensaje telegráfico del día de ayer, en relación con la encuesta que el diario “Novedades” ha promovido para averiguar el paradero del cerebro de Rubén Darío, que fue extraído en ocasión a la autopsia que le fue practicada inmediatamente después de su fallecimiento, manifiesto a usted que siento muchísimo que estos acontecimientos  tristes sean removidos ahora, por cuanto la disputa promovida sobre la posesión de la noble víscera causó en su tiempo grave perjuicio a la reputación de los nicaragüenses en el exterior y los libros y referencias que se han escrito sobre la muerte del poeta, nos dejan muy mal parados por la macabra historia del embalsamamiento y posesión de sus despojos.   Debo manifestarle, que como testigo presencial de la autopsia, en la que tomé parte como practicante de medicina y discípulo de los maestros Doctores Luis H. Debayle y Escolástico Lara y también cómo participé de la extracción de otros cerebros realizadas en el Hospital San Vicente de esta ciudad para despistar la codicia de quienes querían traficar con el auténtico de Rubén,  puedo afirmar, que estoy en condiciones de identificar sin lugar a dudas ese cerebro, ayudado no solamente por mi memoria, sino que también por las notas tomadas en aquella ocasión y en las incidencias que posteriormente se suscitaron, notas que conservo,  labores de autopsia, conservación del cadáver, de las vísceras y de los métodos empleados por mis maestros para el buen éxito de su trabajo.   Deseo aclarar que no podría por ningún punto iniciar la referida identificación sin que antes, el supuesto cerebro si existiera en poder de alguien no se entregara de previo a la Universidad de León, pues este fue el encargo de mis maestros Debayle y Lara, cuya disposición expresa fue la de que en la Universidad quedara el cerebro del excelso Poeta, para ser venerado, reverenciado y expuesto a los que con disposición respetuosa y digna lo contemplaran y se evitara así el macabro espectáculo de verlo rodar y ser disputado por quienes no estaban ni están en capacidad de comprender la nobleza de las intenciones de mis queridos y referidos maestros, a quienes ayudé en todo momento en la enfermedad, muerte y autopsia de Rubén”
            En su referido artículo de la mencionada revista el doctor Salvador Pérez Grijalba manifiesta:  “Me pareció que con esta contestación tan clara y precisa a los señores de “Novedades”, se les brindaba una buena oportunidad para conocer lo real y verdadero de todo lo ocurrido en el embalsamamiento, con el cerebro y su paradero.  Mas no fue así.  Después de haber mostrado tanto interés en su encuesta durante varios meses, después de haber encontrado al testigo presencial que tomó parte activa en los acontecimientos que ellos desean conocer guardaron silencio profundo…Se acabó el interés…En la quietud de mi estudio, meditando, dándole vueltas a las ideas, me pregunto, ¿qué pasó?  Será que algún “vivito” incógnito provocó la encuesta para saber si ya no queda testigo sobreviviente y sacar a luz el “truco” del cerebro que quedó en el museo patológico extraído al joven anónimo accidentado y presentado como de Rubén cuando ya no exista quien le pruebe lo contrario?  Por ese motivo me veo en el penoso caso de relatar todo lo ocurrido, sintiendo muchísimo que estos acontecimientos tristes y bochornosos sean recordados por lo macabro y por tratarse de nuestro glorioso Poeta.”
            El Prof. Edelberto Torres, en su obra “La Dramática Vida de Rubén Darío”, refiere: “Durante cinco horas las cuchillas de los cirujanos van y vienen de una a otra parte del tórax en la práctica de la autopsia.  Extraen el hígado, víctima del alcohol, que se ha vengado en la vida del poeta.  Su aspecto es blanquecino y su consistencia dura.  Extraen el corazón, que acusa la presencia de grasa; extraen los pulmones, que están sanos; y extraen por fin los riñones heroicos que eliminaron alcohol por más de treinta años.  El día siguiente, antes de la hora del alba, el doctor Debayle practica de nuevo su macabro oficio, ahora con una sierra que con rítmico movimiento va penetrando en la caja ósea, hasta dejar a la vista el hermoso cerebro con sus profundas hendiduras y sus destacadas circunvoluciones.  Extraído, muestra la tercera circunvolución  frontal izquierda con un notable desarrollo.  Y entonces empieza a tener cumplida realidad el sueño de Darío.  –Aquí está el depósito sagrado, aquí está –dice el doctor Debayle, y con emoción sostiene entre sus manos la augusta masa.  La deposita enseguida en un recipiente en que hay formalina y la entrega a don Andrés Murillo, el cuñado fatídico.  Debayle termina su labor reincorporando el hemisferio craneano a la cabeza, la cual queda con toda apariencia de integridad.  Luego, como tiene el propósito de hacer un estudio científico del cerebro, lo reclama a Murillo, que tiene el recipiente, y se apodera de éste en un instante en que el otro ha tenido que salir del cuarto.  Debayle presurosamente sale a la calle con la noble víscera, camino de su casa; pero Murillo pide auxilio a los agentes de la policía que están allí y éstos obligan al médico a regresar.  Murillo grita: -No se lo lleva usted.  –Sí que me lo llevo- contesta el otro.  A una orden de Murillo los policías echan mano del doctor Debayle, que se ve obligado a entregar el depósito en que va el cerebro, el cual es llevado a la Dirección de Policía.  –El cerebro es de la viuda, mi hermana; es una reliquia de la familia. –Así grita el codicioso cuñado, maléfico para el genio hasta en la hora póstuma.  Debayle, justamente indignado por el vejamen, apenas puede decir: -Lo veremos.  ¡Que la autoridad lo decida!.  El cerebro de Rubén Darío permanece varias horas en la cárcel, mientras el director consulta al Presidente de la República.  Este funcionario ordena que se le entregue a la viuda.  Otro día el cerebro es llevado a Granada, enviado al doctor Juan José Martínez, que intenta un estudio y publica los resultados en un folleto de sesenta páginas, solo cinco de las cuales aluden al cerebro.  Las demás son disquisiciones inoportunas y hasta impertinentes sobre asuntos literarios y de otra índole”.  
Lo cierto del asunto, como veremos en el próximo artículo, es que el cerebro que llevaron a Granada no era el del poeta, pues ya se había operado un cambio, como lo relata el Dr. Salvador Pérez Grijalba.
 

III PARTE
 

         Siempre basándonos en el importante escrito del Dr. Salvador Pérez Grijalba en la Revista Enfoques, titulado “EL CEREBRO  DE RUBÉN DARÍO ESTÁ EN…”, al cual le conferimos  gran confiabilidad, continuamos la relación sobre este apasionante tema del cerebro de nuestro inmortal panida.
         Gran impacto ha causado entre las personas que han leído estos artículos, -sobre todos los somoteños-  vivamente interesados en todo lo que atañe a Rubén Darío, conocer que el cerebro de  la humilde somoteña llamada María Ruiz, de oficio costurera, de aproximadamente 50 años –similar edad a la del poeta cuando falleció- fue extraído el 10 de febrero de 1916 en el Hospital San Vicente de León y se utilizó para sustituir el del gran poeta que se exhibía públicamente en los momentos mismos en que se realizaban sus solemnes exequias en la Ciudad Metropolitana.

RESCATE DEL CEREBRO DE RUBÉN.

         Cumplida a cabalidad la misión encomendada al Dr. Salvador Pérez Grijalba –entonces practicante de Medicina de la Universidad- el Dr. Luis H. Debayle procedió a colocar el cerebro extraído a la señora Ruiz en el lugar  donde estaba el de Darío y se procedió al rescate del cerebro original.    Así refiere el Dr. Pérez Grijalba estos hechos:
Este cerebro (el extraído a la señora somoteña) lo entregué al maestro Debayle en la noche de ese mismo día 10, ocultándolo en la clínica del Dr. E. Lara.  El día 12 por la noche, a la hora de la velada fúnebre en la Universidad me llamó el Dr. Debayle a su Biblioteca y cuál fue mi sorpresa cuando me dijo: aquí te tengo esto; no preguntes nada, te he llamado para que tratemos de conservarlo cuanto antes; mira, está muy deteriorado…lo revisamos detenidamente y tomé las anotaciones de las desgarraduras, partes destruidas, etc.
Luego me ordenó lo llevara a ocultar (el cerebro) a la alcoba de Monseñor Pereira y Castellón, situada en el tercer piso del torreón esquinero del Seminario.  En ese instante llegaba el Br. Sérvulo González (de toda confianza) quien era conocedor del sitio, siendo él el que lo llevó a ocultar”.

CÓMO SE ENCONTRABA EL CEREBRO AL SER RESCATADO.

         De poco o nada sirvieron los cuidados de los doctores Luis H. Debayle y Escolástico Lara, así como de su asistente el Dr. Salvador Pérez Grijalba al realizar la trascendental operación para extraer el cerebro de Rubén Darío, -nada menos, que el máximo referente de la intelectualidad nicaragüense- con la noble finalidad de realizar un meticuloso  estudio científico  del mismo, por la siniestra intervención de Andrés Murillo, quien,  con desmedida codicia y aviesas pretensiones,  arrebató imprudentemente la preciada  víscera     causándole   daños irreversibles, tales como desgarraduras y desprendimientos,  los  que  detalla  en su mencionado escrito el Dr. Pérez Grijalba, en los siguientes términos:
Al revisar o examinar el cerebro la noche del 12 de febrero en presencia del Dr. Debayle encontramos:  Lado derecho: -A- una desgarradura como de tres centímetros en la cisura frontal inferior. –B- Desgarradura como de cuatro cm. en el borde externo en el lóbulo frontal, principiando en la cara externa y terminando en la cara inferior o base.      –C- Desprendimiento con pérdida de sustancia en el borde de la cisura lateral de Silvio, con desgarradura hacia la cisura temporal media. –D- Desgarradura pequeña en la prolongación hacia atrás dela cisura de Silvio.  Lado izquierdo: -A- Una desgarradura como de 4 cm. cerca del tercio superior de la cisura central de Rolando; -B- Desgarradura como de tres cm. en la cisura interparietal; -C- Desgarradura como de cuatro centímetros, profunda, en la prolongación posterior de la cisura de Silvio; -D- Desgarradura profunda en la unión de las cisuras de Silvio y de Rolando; -D- Desgarradura cisura temporal media; -F- Desprendimiento con pérdida de sustancia en el borde externo del lóbulo frontal, parte de la cara externa e inferior, con desgarradura hacia la circunvolución frontal anterior.  CEREBELO.  El lóbulo del lado derecho ausente y el del lado izquierdo mutilado en sus dos tercios.  Además presentaba irregularidades en su forma externa y volumen debido al recipiente inadecuado en que lo colocó el raptor y la falta de líquido apropiado para su conservación.  El Dr. Lara hizo todo lo posible por conservarlo en su forma primitiva preparando una sustancia a base de cera y parafina; pero todo fue inútil.   Todos observábamos que perdía en altura y forma semejándose a una boina.  Las circunvoluciones poco marcadas, los grandes surcos o hendiduras desfiguradas por los desgarramientos y pérdidas de sustancias en el día de la lucha, etc., etc.”.

RESPUESTA A UNA GRAN INCÓGNITA: ¿DÓNDE ESTÁ EL CEREBRO DE DARÍO?

         Para  finalizar su interesantísimo articulo el Dr. Salvador Pérez Grijalba y develar uno de los grandes misterios en la Historia de Nicaragua como lo es  el paradero del cerebro de nuestro glorioso bardo, inserta un texto publicado  en el mes de septiembre de 1962,  en la edición No. 21 de los Cuadernos Universitarios, en  el que por sí solo se explica por qué vino a hacerse del dominio público en forma tardía su contenido.  El texto dice textualmente:
Fin del articulo Cerebro de Rubén Darío.-   Después del fallecimiento de mis queridos maestros el Dr. Luis H. Debayle (24 de marzo de 1938) y el Dr. Escolástico Lara (16 de Agosto de 1939), me sentí libre del compromiso –el silencio prometido- quise probar si Andrés Murillo o alguien pretendía o creían poseerlo o si creían todavía que el cerebro que llevaron al Dr. Martínez era el auténtico.”..  Para esto, le di datos de lo ocurrido al entonces Br. León Lara, hijo de mi maestro, insinuándole escribiera al respecto en el Diario “El Centroamericano”, de León.  El articulo causó revuelo y fue comentado con  el Sr. Embajador de la Argentina –si la memoria no me falla era el Sr. Dn. Enrique Loudet.  Yo esperaba la respuesta de Murillo en la prensa y no la hubo.  He escrito y publicado lo anterior para terminar con las leyendas e historietas que tanto mal nos causan en el exterior y que se sepa la verdad.  El cerebro auténtico del inmortal Panida nadie lo tiene, está, donde debe estar, en la tumba bajo las arcadas de la Gran Basílica de la Muy Noble y   Leal Ciudad de Santiago de León de los Caballeros.  Dr. Salvador Pérez Grijalba.  Ex Catedrático de la Universidad de León.”
         En su  mencionado   escrito  el doctor Pérez Grijalba refiere que el Dr. Luis H. Debayle, días antes de sepultar el cerebro en su sitio definitivo, considerando que  ya presentaba mal aspecto,  le comunicó a  Monseñor Pereira y Castellón   la decisión de enterrarlo en la tumba de Rubén Darío, lo que aprobó el ilustre prelado y al efecto giró las instrucciones precisas para tan fin  a don Jorge Navarro, por lo que a partir de ese acto, como dijo el mismo doctor Pérez Grijalba: “El cerebro auténtico del inmortal Panida está donde debe estar”.

         CONCLUSIÓN.

         Son múltiples las especulaciones que existen alrededor del cerebro de Rubén Darío: sobre los resultados del  estudio que se le hizo y sobre todo sobre su paradero.  Muchos han creído tener la posesión de ese preciado órgano y hasta se han protagonizado hechos violentos para hacerse acreedores a su supuesta posesión.   Es más, en numerosos textos aparece la fotografía del cerebro de Rubén Darío, que a la luz de las revelaciones hechas por el Dr. Pérez Grijalba, concluimos que no es el verdadero.
         De acuerdo con mi modesta opinión entre la infinidad de versiones que circulan sobre este asunto, me inclino por aceptar sin un ápice de dudas, la que hemos presentado en nuestra revista, fundamentándonos en el valioso testimonio escrito del Dr. Salvador Pérez Grijalba al que le otorgamos la mayor credibilidad por el hecho de que fue uno de los  que participó en la autopsia, embalsamamiento y extracción del cerebro de Rubén Darío, como la persona de máxima confianza de los doctores Luis H. Debayle y Escolástico Lara, sobre quienes  se depositó la responsabilidad de realizar estas intervenciones al cadáver de nuestro eximio poeta inmediatamente después de su deceso.
         Por otra parte, de acuerdo con el Certificado de Defunción expedido en el Hospital San Vicente de León, nos queda claro que una humilde coterránea nuestra llamada María Ruiz, de oficio costurera, de aproximadamente cincuenta años, falleció en ese centro el 10 de febrero de 1916 y,  por las circunstancias que se han relatado,   “aportó” su cerebro para hacer el cambio con el cerebro original de Rubén Darío.   Esto nos abre las puertas para investigar quién era esa señora, el nombre de sus padres, de donde podríamos inferir cómo y cuándo llegó a León y saber si aún tiene familiares aquí en Somoto o en cualquier otro lugar, averiguación que para nosotros reviste enorme  interés, por cuanto en forma pasiva se vio envuelta en un asunto de extraordinaria trascendencia.