martes, 27 de octubre de 2015

ABOGADOS Y NOTARIOS
QUE DEJARON HUELLA EN SOMOTO
Hugo Ramón García • Revista Musunce No. 91

Se acostumbra  decir, siguiendo las normativas del refrán popular, “que a las personas se le valora hasta que se pierden”. Esta afirmación es muy común en los humanos y más particularmente, en nosotros los nicaragüenses, pero al final somos  concisos en aceptar las cosas por su propia naturaleza, tal como suelen presentarse.

El tener reconocimientos afines hacia los demás es una muestra de lo que sentimos y pensamos acerca de los dones y atributos que les asisten, y nunca puede ser tarde, aunque esos valores ya  no figuren materialmente en el medio que se desenvolvieron. NO podemos ni debemos fincarnos en el egoísmo para no darle a cada quien lo suyo, pues los preceptos de la justicia en este sentido precisamente tienen su fundamento en ofrecer un juicio real y objetivo que se apoye necesariamente en la verdad.

Ahora, al calor de los nuevos tiempos, en los cuales la carrera del Derecho ha venido opacándose, estimo oportuno hacer una diferencia, por así decirlo, entre aquellos juristas del ayer que tuvo nuestra ciudad y los que hoy, de la noche a la mañana, con estudios incompletos, se gradúan en Universidades que no cuentan en su haber intelectual con la calidad académica indispensable. No trato por supuesto de desestimar el esfuerzo de ellos, pero se entiende que el Derecho, como toda carrera profesional, tiene que cultivarse celosamente, es decir, que el abogado moderno no abandone los libros, ni los códigos apenas le extiendan un título, o que la Corte Suprema lo incorpore como tal, y comienza a litigar en los juzgados de su jurisdicción.
El abogado de esta época, debe seguir siendo un estudioso del Derecho, no arrinconar los libros en una biblioteca o exhibirlos para nunca más abrirlos; su visión tiene que ir más allá, nutriendo su acervo intelectual con abundancia de conocimientos en las leyes que cada día se vuelven nuevas para actualizarse con estas últimas y dar crédito en la búsqueda de una aceptable ilustración.

Somoto, por conceptos de historia, tuvo en el pasado, abogados de formidable talento jurídico, egresados de las augustas aulas universitarias de León, donde motivados por la juventud y el deseo de su apropiada superación, supieron con atinado suceso asimilar las sabias enseñanzas de sus laureados maestros.

Estos profesionales de las leyes, que más tarde dieron cátedras de Derecho, hoy Somoto los extraña

y les rinde a su memoria el caro tributo del reconocimiento ciudadano que se merecen. Cómo no sentir la ausencia del notario, muy destacado en la Cartulación de Justo Rufino Huete; la brillante capacidad del Dr. Ramiro Armijo Lozano, graduado de honor junto con el recordado ex -presidente de Nicaragua Dr. René Schick Gutiérrez; la honradez profesional del Dr. César Augusto García Corrales y de José del Carmen Gutiérrez Rocha; la preclara jurisprudencia del Dr. Rafael Antonio Díaz Alfaro, quien por su indiscutible talento y para orgullo de Somoto, llegó a ser en distintos períodos Magistrado Presidente de la entonces bien renombrada Corte Suprema de Justicia. La probidad moral en el exacto cumplimiento del Derecho del Dr. Gilberto Caldera Ráudez, quien además de ser un buen litigante, en los frondosos años de su carrera, tuvo por escudo la meridiana honradez que le distinguía; o también la destacada inteligencia de Rodolfo Emilio Fiallos, un jurista de nota que sembró buenos precedentes en el ejercicio del Derecho.

Entre los abogados que ejercieron en esa época figura el doctor Edgard Paguaga Midence, originario de Ocotal, que fijó su residencia en Somoto durante casi treinta años, al contraer matrimonio con Rosalinda López Núñez.  El doctor Paguaga Midence además del ejercicio de su profesión se dedicó a la agricultura y fue en determinado periodo diputado  por el departamento de Madriz.  Es digno reconocer que en su periodo legislativo realizó las gestiones para que al Instituto Nocturno de Somoto se le asignara presupuesto por parte del Ministerio de Educación y se retribuyera el trabajo de los maestros que laboraron gratuitamente durante dos años.

Por qué no traer a estas páginas la diligente ejecutoria penalista de Felipe Santiago Roque Idiáquez, en los tiempos lejanos de su profesión, conjuntamente  con la destacada oratoria que usaba en los tribunales de conciencia, o asimismo la independencia de criterio que lo rigió en sus funciones siendo Juez de Distrito de esta comprensión departamental. Era a carta abierta, abogados con mucho estudio, cuya capacidad la supieron conservar de patrimonio para garantía de sus mismas carreras, a las cuales les dieron con entusiasta perseverancia lo mejor de sus aportes.

Cómo no añorar aquellos formidables alegatos que se daban en los pasillos del Juzgado frente a un tribunal de jurados defendiendo o acusando a un procesado. Eran verdaderas lecciones de Derecho que han quedado impregnadas en el tiempo porque la hacían legítimos juristas que daban mérito de lo que sabían y lo manejaban con el acierto necesario que sus ilustrados criterios jurídicos se lo indicaban. Épocas en que el talento era la parte medular de la cual se asociaban estos abogados de antaño para asumir sus responsabilidades profesionales. Tiempos que no volverán y solo queda la complacencia personal de haberlos vivido, y, finalmente en esta galería de respetables figuras del Derecho que tuvo Somoto, no podemos obviar, o dejar olvidado en el tintero de las anotaciones al Dr. Efraím López del Valle, abogado de exquisita cultura que hizo de las leyes un auténtico apostolado, dedicándole tiempo completo a esta encomiástica profesión donde dejó sentada la elocuencia de su capacidad como testimonio de su personalidad.


A propósito de este importante tema, es justo  tomar en cuenta a los competentes secretarios de los Abogados y de los Juzgados de Somoto en ese tiempo. Personas esforzadas que, con meridiana disciplina, dieron muestra de su capacidad intelectual y que fueron elementos de confianza para los profesionales del Derecho.

Para ser exactos en la historia,  he de citar a los hermanos José Benito y Ramón Ignacio Mendoza Herrera, Otilio López, Efraín Espinoza Pérez, Ramón Arsenio López Ruiz, Alberto Carazo Garmendia, Salvador Pérez Bonilla, Trinidad Vílchez; y hablando de las damas secretarias a Silvia Carranza Vílchez y Salvadora Vílchez Mongalo. También a Camilo Aguilera Morazán, commpetnte oficinista somoteño que cuando se organizó en Estelí, en la década del 70´s,  el Tribunal de Apelaciones, fue nombrado Secretario de una de las salas de esa institución

Fueron ellos precisamente, factores humanos determinantes en las buenas funciones de las oficinas de Leyes donde les correspondió trabajar, dejando excelentes testimonios de lo que significa la capacidad cuando se sabe cultivar para la superación personal.

Vaya para ellos, a su morada perpetua, para algunos,  la flor de la gratitud personal en homenaje a los buenos recuerdos que dejaron a su paso por esta vida pasajera.
MIS VIVENCIAS LABORALES
CON EL DR. RAMIRO ARMIJO LOZANO
Ramon Mendoza H.
Revista Musunce No. 91

En el cuerpo de esta edición de MUSUNCE figura un interesante artículo de nuestro destacado pero no justamente valorado- periodista Hugo Ramón García, refiriéndose a destacados abogados somoteños que ejercieron en las décadas de los años cuarenta a sesenta, donde también hace mención a varias personas que laboramos como secretarios de los mismos.  Trabajé con varios abogados de esas décadas,  entre ellos los doctores: Ramiro Armijo Lozano, Gilberto Caldera Ráudez, Edgard Paguaga Midence y César Augusto García Corrales.

Secretario del doctor Ramiro Armijo Lozano
 
Me cupo el honor de haber laborado durante varios meses con el doctor Ramiro Armijo Lozano, lamentablemente cuando estaba en el ocaso de su existencia  y era prácticamente nulo en  su quehacer jurídico.  Y cuando digo el honor,  es porque me refiero a una de las figuras egregias de la jurisprudencia no solo en nuestra región, sino en nuestro país, porque quienes lo conocieron y compartieron con él en las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad de León, siempre llenos de justificada admiración,  dieron testimonio de la brillantez de su talento y gallarda personalidad.  Lamentablemente la terrible enfermedad del alcoholismo que lo atacó en forma despiadada, lo   aniquiló física y mentalmente, al grado de que cuando lo conocí era  un anciano prematuro y apenas una  difusa sombra de lo que otrora había sido.

Llegué a su oficina recomendado por mi abuelo Cipriano Mendoza, a quien la familia Armijo Lozano  le dispensaba mucho aprecio.  “Si es nieto tuyo, Cipriano,  debe ser muy bueno este muchacho”- le dijo el doctor a mi abuelo.   “-Aquí está esta máquina de escribir para que vaya practicando y cuando nos caiga un trabajito nos ganamos unos centavitos”, agregó en tono lleno de humildad el malogrado jurista y excelente persona.

La historia de la máquina de escribir
 
La máquina de escribir del doctor Armijo,  marca Underwood, era magnífica.  Aunque no cayera trabajo me daba gusto practicando pues en ese tiempo estudiaba mecanografía en la Escuela Mercantil del Norte- y así logré adquirir bastante velocidad y precisión en poco tiempo.
Noté como algo curioso que la máquina de escribir no se podía mover de su pesado  escritorio: estaba adherida a él por una especie de tuerca que la ensamblaba desde abajo.  Le pregunté por qué estaba así la máquina y él me explicó: que ya se le habían perdido varias máquinas, porque él las malvendía cuando andaba tomando  o se las habían llevado porque había dejado abiertas las puertas de la oficina.   De esa forma, me explicaba,  cuando él pretendía empeñar o vender la máquina, no podía porque estaba bien asegurada al escritorio que era muy pesado y que tenía talladas en las patas  unas garras de león, según recuerdo en la lejanía del tiempo.

Dando fe desde la cárcel
 
Un día llegaron unos clientes a formalizar una venta y se les hizo la escritura, la cual debían llegar al siguiente día a firmar.   Cuando llegué a la oficina a las ocho de la mañana no estaba el doctor a quien siempre encontraba a esa hora en la puerta,  aspirando con sabrosura el humo de su puro chilcagre y la Tere Armijo, su sobrina, que vivía en la misma casa me dijo que estaba preso por ebriedad, no por escándalo,  sino para que dejara la bebida, y que  ella había dado órdenes de que lo “encholparan”.  Fui a la bartolina y le dije que ya estaban  los clientes de la escritura  que habían pagado de adelantado- y él me dijo que pidiera permiso para que pudiera firmar él y los contratantes, lo que así se hizo.  Fue esa  la autorización sui géneris de un acto notarial de compraventa barrotes de por medio- , lo cual, por supuesto no se hizo constar en la escritura.

El trago nuestro de…..
 
Un día el doctor Ramiro Armijo Lozano  presentó un escrito ante el Juez Local don Marcial Díaz Hernández, que lo recibió con mucho respeto, pues ambos, ciudadanos somoteños y compañeros de bohemia tenían la cualidad de ser respetuosos con o sin tragos.  Efraím Espinoza,  que sustituía como Secretario del Juzgado ese día a don Santiago Hernández, le advirtió a don Marcial:
“-Mire, don Marcial, aquí está una circular de la Corte (Suprema de Justicia) donde consta que el doctor Armijo está suspendido.  Si le recibe ese escrito se puede meter a un clavo”.
“-Hombré, Efraím, vos recibile el escrito al doctor y dale trámite a lo que solicita; yo respondo.  Qué Corte ni que carambadas.  Además, mi estimado doctor tiene, como todo ciudadano, el  derecho a ganarse el trago nuestro de cada día”- aseveró con énfasis el  judicial.

Un hecho imperdonable
 
Cuando me encontraba practicando en la Underwood de don Ramiro, pasó un día de tantos  un amigo mío al que cariñosamente le llamábamos  Lapo Macho, por su pronunciada y encorvada nariz y me dijo que él también quería practicar para ejercitarse en la mecanografía, pues le gustó mucho la máquina que la sintió “sabrosa para teclear”.  Yo en ese entonces tenía quince años y el Lapo andaba por los veinte y ya era corridito en la libación  de los taconazos “desde whiskey hasta lijón, porque con los dos siempre iba hasta jom”- afirmaba campechanamente.
Le dije al doctor sobre el muchacho que quería practicar y se lo recomendé como buena persona, por lo cual él no puso ningún reparo.   Además, le dije al doctor, cuando yo no pueda venir por algún motivo, él estará cuidando la oficina por si acaso viene algún cliente.

Resulta que un día no asistí a la oficina porque me enfermé y al llegar a la mañana del día siguiente, encontré enojado al doctor, que por primera y única vez me regañó, pues me puso la queja de que mi recomendado  le había bebido una botella de licor (guarón), que había dejado en la gaveta del escritorio.   Le pregunté por qué estaba seguro de que el muchacho se la había bebido y él me respondió: -Si es que lo encontré bolo con la botella sobre el escritorio.   - Esto es el colmo- se quejó el doctor- a mí me han llevado máquinas, engrapadoras, borradores,  lápices y todo lo he perdonado, pero que me hayan bebido mi guaro que tanto necesito, ¡eso no lo perdono!- me dijo en tono de serio reproche.

Estas han sido algunas de las anécdotas que me tocó vivir con ese hombre de talento  deslumbrante en su juventud, que pudo llegar a ser un magistrado de lujo en la Corte Suprema de Justicia o Ministro de cualquier cartera,  pero  que víctima del terrible flagelo del alcoholismo pasó los últimos años de su  vida en un entorno  de miseria material y espiritual y  grandes sufrimientos, contrario a lo que debió ser en una persona con su elevada  formación académica y reconocida hombría de bien.

jueves, 22 de octubre de 2015

DOS SOMOTEÑOS EN SELECCIÓN DE VOLEIBOL QUE GANÓ TORNEO CENTROAMERICANO INVICTA

El pasado jueves 22 de octubre la selección de voleibol masculina sub 19, coronó una grandiosa hazaña deportiva: ganó el torneo centroamericano realizado en Guatemala en forma invicta doblegando a los seis rivales del istmo en una espectacular jornada cuyo corolario fue la victoria sobre Honduras en la última fecha 3-0 con marcadores de 25-22, 25- 10 y 25- 14.
Timbre de orgullo para los somoteños es que el capitán del equipo campeón es nuestro coterráneo Johny Zeledón que además fue el máximo anotador del equipo.   También formó parte del seleccionado campeón el somoteño Samuel Jiménez Ponce.

En su avasallador ritmo rumbo al campeonato los nicaragüenses arrancaron derrotando al seleccionado de El SALVADOR  3-0, 25-14, 25- 19 y 25-21; después derrotaron sucesivamente a BELICE  3-0 con parciales de 25 -20,  25 -14 Y  25 -20; a  PANAMÁ  3-0 con parciales de 25 -20,  25 -16 y 25 -15; a   COSTA RICA  2-3  con marcadores 19- 25,  25 -22,  23 -25,  25 -20,  13 -15 a   GUATEMALA  1-3 con parciales de  20 -25,  25 -23,  18 -25,  23 -25 y finalmente HONDURAS con los resultados señalados.

Osman Hernández entrenador de Nicaragua expresó “ayer dije que Honduras no era un equipo fácil y hoy lo demostró, sabíamos que se nos podía complicar. Estamos todos muy satisfechos con el título. No quiero irme sin agradecerle a la Federación de Guatemala sus atenciones”.

Carlos Mondragón capitán de Honduras dijo “en el primer set demostramos un poco de lo que somos capaces, pero todo el torneo batallamos con mantener continuidad. Teníamos más aspiraciones en el torneo; hoy siento que disfrutamos más como equipo y en el próximo torneo nos irá mejor”.

La inserción de nuestros jóvenes en la selección nacional y su  exitosa participación en este evento internacional   es fruto del trabajo de la Asociación Departamental de Voleibol encabezada por el doctor Miguel Ángel Tercero y su equipo de apoyo a quienes felicitamos por su grandioso esfuerzo.